“Gracias por esperarnos después de tanto tiempo”, dijo Jay Kay casi al cierre del concierto. La espera, en efecto, había sido extensa: pasaron nueve años desde la última visita de Jamiroquai a la Argentina y casi una década desde la publicación de Automaton, su más reciente álbum
Después de un período dedicado al descanso y a su vida familiar, el cantante británico retomó los escenarios con una gira mundial. El tramo latinoamericano llegó anoche al Hipódromo de San Isidro, donde la banda presentó un espectáculo que combinó memoria, presente y anticipos de futuro
Clásicos renovados por la improvisación
El concierto también funcionó como celebración de los 30 años de Travelling without Moving, el disco de 1996 que incluye “Virtual Insanity”. Sin embargo, la presentación estuvo lejos de limitarse a reproducir éxitos del pasado: también ofreció un adelanto del material previsto para el próximo álbum de estudio, anunciado para 2027
Con una formación de diez músicos, Jamiroquai recorrió su mezcla característica de acid jazz, funk, soul, disco y electrónica. “(Don’t) Give Hate a Chance”, “Little L” y “Seven Days in Sunny June” transformaron rápidamente el predio en una pista de baile al aire libre
El repertorio incluyó apenas 13 canciones, pero la duración del show alcanzó exactamente las dos horas. La explicación estuvo en el modo de interpretarlas: extensas introducciones, cambios repentinos de ritmo, pasajes instrumentales y momentos de improvisación convirtieron cada tema en una experiencia diferente
“Space Cowboy”, “Light Years” y “Alright”, coreada por el público, adquirieron así una energía renovada. El tratamiento jazzístico también alejó cualquier sensación de nostalgia y permitió que composiciones de tres décadas atrás sonaran actuales y vitales
Una banda sólida y un líder magnético
“Disco Stays the Same” fue la única canción nueva de la noche. El tema incorporó vocoder, percusiones de raíz latina y una atmósfera setentosa cercana al espíritu de Earth, Wind & Fire
Rob Harris en guitarra, Matt Johnson en piano, Sarah De Santis en teclados, Fabio De Oliveira en percusión y las coristas Valerie Etienne, Hazel Fernández y Romina Johnson sostuvieron una ejecución precisa y fluida. La base formada por Derrick McKenzie en batería y Paul Turner en bajo aportó el impulso decisivo al sonido del grupo
Al frente, Jay Kay confirmó su condición de showman. “¡Argentina! Los queremos mucho”, exclamó durante su bienvenida. Con sombreros extravagantes, gorros de plumas sintéticas y su habitual vestuario deportivo, recorrió el escenario con giros, saltos y desplazamientos que parecían propios del patinaje
Una base rítmica con aire de batucada introdujo “Travelling Without Moving” y dio paso al tramo final del recital. Con auriculares luminosos, Kay se acercó a los seguidores ubicados junto al escenario, estrechó manos y firmó remeras, banderas y fotografías antes de volver junto a la banda
Entonces llegaron “Canned Heat”, “Cosmic Girl” y “Love Foolosophy”, interpretadas con la intensidad que el público esperaba
El mensaje detrás de la celebración
Entre canciones festivas, Kay también recuperó sus habituales referencias a la ecología, el cuidado del ambiente y la naturaleza. En esta ocasión, puso el foco además en el avance de la inteligencia artificial y su creciente influencia sobre la vida cotidiana
En ese contexto, “Virtual Insanity” volvió a ocupar un lugar central. Para los bises quedó “Deeper Underground”, incluida en la banda sonora de Godzilla (1998), encargada de cerrar una noche marcada por el baile, la elegancia y el pulso inconfundible de Jamiroquai