Hay un mérito doble en La lluvia de fuego: por un lado, pone en circulación una de las escasas obras teatrales escritas por Silvina Ocampo; por el otro, la convierte en una función viva, ágil y cargada de tensión bajo la dirección de Marilú Marini

Una trama mínima que se vuelve venenosa

La pieza parte de un hallazgo doméstico: Adelaida y su criada Predefinda descubren que una planta del jardín está casi muerta. Ese dato aparentemente menor abre una cadena de revelaciones sobre una casa atravesada por el engaño, la humillación y el deseo de venganza

La historia, ambientada en una finca tucumana, avanza como un folletín torcido, con giros sucesivos y un humor negro que va tensando cada escena. El marido de Adelaida, infiel y provocador, termina funcionando como detonante de una respuesta cada vez más calculada por parte de la protagonista

Marilú Marini encuentra el tono exacto

La puesta apuesta por un clima lúdico sin perder filo. Marini trabaja con precisión los diálogos, deja que la ironía respire y sostiene un ritmo cercano al vodevil, donde lo farsesco convive con una amenaza constante

Valeria Lois asume el centro de la acción con gran energía, mientras que Carolina Saade, Agustín Rittano, Damián Mai y Mercedes Beno Mendizábal completan un reparto que acompaña con claridad los cambios de tono y los matices de cada personaje

La escenografía y el vestuario refuerzan la idea de una casona poblada por plantas, galerías y una inquietud latente, en sintonía con una obra que mezcla poesía, sarcasmo y un costado fantástico. El resultado es una propuesta precisa, divertida y siempre en movimiento

La función integra la programación del Festival Internacional de Buenos Aires 2026 y se presenta en la sala Casacuberta del Teatro San Martín, con funciones de miércoles a sábados a las 20.30 y los domingos a las 19