“¡Yo soy Patrick Bateman!”, le han dicho más de una vez a Guinevere Turner. La frase, repetida por hombres que creen celebrar al personaje, revela justamente lo contrario: la persistencia de un tipo vacío, violento y patético que terminó convertido en ícono pop
A más de dos décadas del estreno de Psicópata americano, la pregunta sigue abierta: ¿por qué Bateman inspira fascinación? La respuesta está en la propia película de Mary Harron, una sátira feroz sobre la codicia, la apariencia y la brutalidad del éxito
Una adaptación que casi no llega a filmarse
Cuando la novela de Bret Easton Ellis apareció en 1991, la polémica fue inmediata. Se organizaban lecturas públicas de sus pasajes más violentos y el libro fue acusado de inmoral y perverso. Harron, en cambio, leyó otra cosa: una comedia negra sobre la ambición y el culto a la imagen en los años 80
Antes de que ella tomara el proyecto, circularon otros nombres por la adaptación. Stuart Gordon, Johnny Depp y hasta David Cronenberg estuvieron vinculados a una versión que nunca se concretó. El productor Chris Hanley terminó de convencerse al ver Yo le disparé a Andy Warhol: si Harron podía filmar a Valerie Solanas, podía filmar a Bateman
Turner recordó después que sumar a dos mujeres a la escritura y la dirección también funcionaba como una forma de blindar el proyecto ante las críticas. Harron, por su parte, fue tajante: era feminista y nadie iba a decirle si podía o no dirigir esa historia
El casting que casi cambia todo
Antes de Christian Bale, Harron pensó en Billy Crudup. El problema era que muchos actores querían explicar a Bateman, buscarle un pasado, una herida, una psicología tranquilizadora. Ella no quería eso
El giro llegó con Bale, que entendió al personaje como “un alien tratando de pasar por humano”. Esa idea le cerró a Harron de inmediato. Pero el estudio tenía otros planes: quería a Leonardo DiCaprio, recién salido de Titanic, y estaba dispuesto a pagarle una cifra enorme para una película de presupuesto mucho menor
DiCaprio aceptó, pidió cambios para profundizar el trasfondo psicológico de Bateman y Harron fue desplazada. En su lugar entró Oliver Stone. El intento duró poco: Gloria Steinem convenció al actor de no seguir con una película que consideraba repugnante, y el proyecto volvió a quedar vacante
Cuando el estudio regresó a Harron, ella puso una condición clara: Bale o nada. Esta vez sí la escucharon
Tom Cruise, el modelo inesperado
Bale construyó a Bateman mirando a otro ídolo de la época: Tom Cruise. Dijo haber visto una entrevista del actor y detectar algo inquietante en esa simpatía perfecta, una sonrisa brillante detrás de la cual no parecía haber nada. Ese vacío seductor se volvió la base del personaje
La elección era coherente con la novela, donde Bateman admira a Cruise y lo menciona con devoción torpe. Bale, además, compartía el sentido del humor de Harron. Ambos entendieron desde el comienzo que la película debía leerse también como una comedia negra
El resto del elenco no siempre captó ese tono. Josh Lucas admitió después que en el rodaje pensaba que Bale estaba haciendo todo mal. Chloë Sevigny también se sintió desconcertada por un método que no lograba descifrar. Harron, sin embargo, sabía que estaba viendo a Bateman nacer
Para el detective interpretado por Willem Dafoe, la directora eligió otra jugada: filmó los interrogatorios desde distintos grados de sospecha y luego mezcló esas tomas en la edición para que nunca quedara claro cuánto sabía realmente el personaje
Una pesadilla filmada como lujo
La apariencia de la película fue parte central de su sentido. Harron le pidió al diseñador Gideon Ponte que todo pareciera sacado de una revista de decoración de alta gama. Quería que Psicópata americano se viera como un anuncio elegante en el que, de pronto, ocurren cosas atroces
Por eso incluso las escenas más violentas están iluminadas con limpieza y precisión. No hay mugre ni caos visual. El departamento de Bateman es blanco, pulcro, casi vacío: no hay fotos ni rastros personales, solo una idea abstracta de riqueza
La escena de las tarjetas de presentación nace de esa misma obsesión por la superficie. Los personajes comparan gramajes, tipografías y matices mínimos como si la identidad pudiera resumirse en un objeto de lujo. Con los años, esa secuencia se volvió una de las más comentadas de la película
La superficie como condena
La lógica de Psicópata americano es simple y brutal: en ese mundo, el exterior lo es todo. Bateman dedica su vida a un cuerpo impecable, una dieta perfecta, una rutina de cuidado obsesiva y una imagen sin fisuras. Pero por dentro vive un derrumbe
La música refuerza ese contraste. Harron conservó casi intactas las referencias pop del libro: Genesis, Huey Lewis, New Order. Cuanto más alegre suena la canción, más perturbadora resulta la escena. Bateman explica “Hip to Be Square” como una defensa de la conformidad sin advertir que está describiendo su propia vida
También están sus modelos de aspiración: además de Cruise, idolatra a Donald Trump. El libro de negocios sobre su escritorio no es un detalle decorativo, sino otra pieza del mismo ideal de éxito hueco y agresivo
Del fracaso al culto
El estreno en 2000 no fue sencillo. Los pases de prueba anticipaban un desastre y la recepción crítica fue desigual. La película no obtuvo grandes nominaciones y durante un tiempo pareció destinada a quedar como una rareza más
Con los años pasó lo contrario. Empezó a ser reivindicada, circuló en memes, edits y lecturas generacionales, y Bale terminó convertido en una figura del imaginario “sigma” o macho alfa. Harron, sin embargo, nunca dejó de mirar ese fenómeno con desconcierto: ella y Turner siempre pensaron a Bateman como un hombre ridículo
La película también dio lugar a un musical en Broadway, algo que la directora observó con sospecha cuando vio intentos de darle al personaje una conciencia que no tenía. Para ella, Bateman no busca redención: no tiene corazón
Una salida que no existe
Lo más inquietante de Psicópata americano no es la sangre. Es que Bateman intenta confesar una y otra vez lo que es, pero nadie lo escucha. Le habla a su prometida, a su abogado, a quien sea. Nadie lo castiga, nadie lo detiene
Por eso la película sigue siendo incómoda: no ofrece consuelo ni justicia. Su última frase, “This is not an exit”, resume esa trampa. No hay salida limpia del mundo que la película retrata
Quizás por eso Bateman sigue fascinando. Porque encarna una fantasía de perfección vacía que todavía resulta reconocible. Psicópata americano, de Mary Harron, sigue disponible en Netflix