Advertencia: este artículo menciona abuso sexual infantil y suicidio, temas que pueden resultar perturbadores

La película Primetime, protagonizada por Robert Pattinson, vuelve sobre uno de los formatos más controvertidos de la televisión estadounidense: To Catch a Predator, conocido en español como “Atrapar a un depredador”

El segmento comenzó a emitirse en noviembre de 2004 dentro del programa Dateline, de NBC. Su método consistía en organizar encuentros ficticios entre adultos y personas sospechadas de buscar contacto sexual con menores

Un actor adulto se presentaba como adolescente y recibía a los visitantes en una vivienda preparada para la operación. Cámaras ocultas registraban la escena hasta que el conductor Chris Hansen irrumpía para leer sus conversaciones digitales y enfrentarlos con las pruebas reunidas

Un éxito construido sobre la exposición pública

El programa mezclaba periodismo de investigación, acción policial y entretenimiento. Su fórmula atrajo a una audiencia masiva, con un promedio cercano a los siete millones de espectadores por episodio

La repercusión fue suficiente para que el segmento llegara al horario central y compitiera con ficciones populares como Lost. Sin embargo, su éxito también abrió un debate sobre los límites de la televisión cuando la humillación se convierte en espectáculo

En la película, Pattinson interpreta a Hansen y reproduce el carisma del presentador, cuya carrera había comenzado con investigaciones encubiertas. Antes de desarrollar el formato en Estados Unidos, Hansen había participado en una operación en Camboya relacionada con la explotación sexual infantil

El giro sensacionalista de los reality shows

“Atrapar a un depredador” apareció en una etapa en la que los programas de telerrealidad abandonaban progresivamente los llamados experimentos sociales y buscaban situaciones cada vez más extremas

Su antecedente más cercano fue Cheaters, un programa estrenado en 2000 que registraba supuestas infidelidades y convertía conflictos privados en escenas de confrontación pública

El formato de Hansen llevó esa lógica a otro nivel. Los chats de contenido sexual eran leídos frente a las cámaras, mientras los sospechosos eran inducidos a realizar declaraciones comprometedoras antes de ser confrontados

La puesta en escena se apoyaba en una idea sencilla: presentar a los participantes como responsables de sus actos y al equipo como una fuerza que hacía justicia. Para sus críticos, esa simplificación borraba las diferencias entre una investigación legítima y una producción diseñada para generar audiencia

El caso de Texas que puso en duda el método

La controversia alcanzó un punto crítico en 2006, durante una operación en Texas contra Louis William “Bill” Conradt, fiscal adjunto de distrito

Conradt no acudió al encuentro preparado por el equipo. Poco después, la producción y la policía llegaron a su domicilio con una orden de registro y arresto redactada de manera apresurada. El funcionario se suicidó en el lugar

Su hermana inició una demanda por 105 millones de dólares contra el programa. El caso terminó resolviéndose fuera de los tribunales

El episodio expuso la estrecha colaboración entre la producción y las fuerzas de seguridad. También generó cuestionamientos sobre el uso de cámaras policiales y sobre posibles pagos a agentes que aparecían en pantalla

Hansen sostuvo años después que Conradt tenía pornografía infantil y afirmó que no se consideraba responsable de su muerte. Esas declaraciones fueron posteriormente cuestionadas

La mirada de los sobrevivientes

El documental Predators, estrenado en 2025, examina el legado del programa desde una perspectiva más compleja. Su director, David Osit, sobrevivió al abuso sexual infantil y había seguido el trabajo de Hansen desde joven

Osit explicó que inicialmente veía el programa como una forma de comprender por qué se cometen esos delitos. Más tarde, al descubrir comunidades digitales de seguidores, decidió investigar la influencia del formato y sus consecuencias

El documental incluye testimonios de Hansen y material que muestra a algunos de los acusados en momentos de desesperación, explicando sus historias personales o expresando arrepentimiento

Para Osit, la división entre héroes y villanos puede resultar demasiado simple. También cuestiona una sociedad que condena públicamente a ciertos grupos mientras participa en la sexualización constante de adolescentes y jóvenes

Un formato que continúa en internet

NBC canceló el segmento original en 2008, pero su estructura sobrevivió. Hansen conduce actualmente Takedown with Chris Hansen, disponible en el servicio de streaming TruBlu, que cofundó en 2022

Además, numerosos imitadores reproducen operaciones similares en YouTube y otras plataformas. La expansión de los teléfonos con cámara hizo posible que casi cualquiera pudiera crear contenidos basados en la exposición de presuntos delincuentes

Ese fenómeno refleja una tendencia más amplia: la justicia vigilante se convirtió en un recurso habitual para captar atención en redes sociales. Los videos de personas expulsadas de aviones, confrontadas en restaurantes o castigadas públicamente generan la sensación de que los “malos” reciben su merecido

El resultado es una forma de entretenimiento que sigue apoyándose en la indignación, la vergüenza y la promesa de una recompensa moral inmediata

La película también enfrenta críticas

Primetime no queda fuera de la discusión. La película recibió cuestionamientos por abordar superficialmente una historia centrada, precisamente, en la superficialidad de los medios

Hansen la calificó de explotadora y la describió como una obra de ficción dramática. También dejó abierta la posibilidad de iniciar acciones legales

Más allá de la polémica, el filme plantea una pregunta central: qué ocurre cuando informar, entretener y obtener beneficios económicos comienzan a depender de historias cada vez más sórdidas

Primetime llega a los cines de Estados Unidos, Latinoamérica y España el 25 de septiembre