Víctor Heredia nació artísticamente en Paso del Rey, en una familia donde la música convivía con las preocupaciones y los debates cotidianos. A los 10 años recibió su primera guitarra, un regalo de su padre que terminó orientando su vocación
Su historia familiar también dejó una huella profunda. Su madre era hija de Sebastiana Agüero, una mujer capayán casada con un español. Heredia recuerda que, durante su infancia, ella intentaba ocultar sus rasgos indígenas antes de que fuera a la escuela. Décadas más tarde, esa identidad se convertiría en uno de los ejes de Taki Ongoy, el disco conceptual que publicó a mediados de los años ochenta
El comienzo en Cosquín
A los 20 años fue distinguido como artista revelación del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Allí conoció a Atahualpa Yupanqui, quien le transmitió una enseñanza que Heredia recuerda como decisiva: las palabras debían sostenerse con los actos
La participación en Cosquín le abrió la posibilidad de grabar para RCA y lo acercó a Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez. Sosa registró “Canción del picapedrero”, una composición de Heredia basada en un poema de Ariel Petrocelli. Con el tiempo, la cantante también grabó más de veinte de sus canciones y ayudó a darle visibilidad a su repertorio
El 7 de noviembre, Heredia ofrecerá un concierto retrospectivo en el Teatro Ópera de Buenos Aires. El espectáculo recorrerá su vida desde aquellos primeros años en Paso del Rey. El 24 de enero volverá a presentarse en Cosquín, a seis décadas de su debut en ese festival. La fecha coincidirá con su cumpleaños número 80
Canciones en tiempos de censura
El consejo de Yupanqui adquirió otro sentido cuando Heredia atravesó la censura, las amenazas y el exilio. En 1978 se instaló en Madrid y, dos años después, partió hacia Roma luego de que se intensificaran las intimidaciones. Había regresado a la Argentina para buscar información sobre su hermana, secuestrada en 1976
Durante esos años escribió canciones vinculadas con la realidad política y social. “Informe de la situación”, compuesta a fines de la década del setenta y publicada durante la democracia, utiliza la imagen de una langosta que arrasa un país de norte a sur. Para Heredia, la canción todavía dialoga con el presente y con la necesidad de actuar con rapidez
También vinculó Taki Ongoy con la situación de los pueblos originarios y con el riesgo de que pierdan sus territorios. En su mirada, la explotación de esas tierras y problemas como la contaminación con arsénico siguen mostrando una deuda profunda
Una carrera marcada por los vínculos
Entre los momentos que considera centrales de su trayectoria, Heredia menciona su paso por Chile y el Festival de Viña del Mar durante el gobierno de Salvador Allende. Allí tuvo la oportunidad de pedirle autorización a Pablo Neruda para trabajar con su obra, en un encuentro breve debido al delicado estado de salud del poeta
Con el regreso de la democracia llegaron algunas de sus canciones más reconocidas, entre ellas “Sobreviviendo”, “Todavía cantamos”, “Dulce Daniela” y “Razón de vivir”. También recuerda “El viejo Matías”, su primer gran éxito, y otras composiciones como “Ojos de cielo” y “Coraje”
Al mirar hacia atrás, Heredia sostiene que no tiene deudas consigo mismo. Dice haber elegido cantar sobre lo que ocurría a su alrededor, aun cuando esa decisión implicara riesgos. Esa convicción, afirma, le permitió mantenerse fiel a su propia verdad