Para Vivi, la jubilación no significó el final de una etapa, sino la posibilidad de comenzar otra. Después de años de trabajo, dejó Buenos Aires y se mudó a Umepay, una ecoaldea ubicada en las sierras de Córdoba

Durante mucho tiempo pensó cómo quería vivir después del retiro. Antes de jubilarse, trabajaba como técnica en hemoterapia en el Hospital Pirovano, daba clases vinculadas con su profesión y también tenía un empleo en la Cruz Roja

Una comunidad en las sierras

Umepay comenzó a formarse en 2011, cuando un grupo de amigos decidió instalarse en la zona. Con los años, la comunidad se extendió sobre unas 400 hectáreas y actualmente reúne alrededor de 200 habitantes

La ecoaldea está cerca de Villa Yacanto de Calamuchita y tiene al río Grande como uno de sus principales atractivos. El entorno combina aguas cristalinas, playas, arroyos y bosques serranos

Una casa adaptada a su nueva vida

Vivi compró su lote con ahorros de varios años y luego solicitó un préstamo para adquirir una vivienda prefabricada. Con el tiempo, la adaptó a sus gustos y le agregó, entre otros detalles, un techo de paja sobre la estructura de chapa

La vida comunitaria también exige cumplir ciertas pautas ambientales. Los habitantes buscan preservar el bosque nativo, evitan incorporar especies exóticas y mantienen el pasto corto cerca de las viviendas por razones de seguridad

El lugar cuenta con biodigestores para tratar aguas negras y grises, impulsa la bioconstrucción y utiliza energía fotovoltaica a través de paneles solares. También aplica prácticas de reutilización, reciclaje y compostaje

El proceso para instalarse de forma permanente

Antes de mudarse definitivamente, Vivi pasó cerca de dos años alternando entre Buenos Aires y Umepay. Durante ese período llegó a vivir en un tráiler junto con su hija y conoció de cerca la dinámica de la comunidad

Hace 10 meses decidió establecerse allí de manera permanente. La elección preocupó inicialmente a sus tres hijos, que se preguntaban cómo sería para ella vivir sola en medio del monte. Con el tiempo, sin embargo, comprobaron que se encontraba adaptada y feliz

“Me atrapó la vida en el campo, despertarme y ver las sierras, el monte. Está bueno ir a visitar a mis hijos y a mis amigas en Buenos Aires. Pero a los 10 días ya me quiero volver, este es mi lugar preferido”, expresó

Una red de vínculos y solidaridad

Aunque vive sola, Vivi asegura que no se siente aislada. La convivencia con sus vecinos le permitió formar nuevos vínculos y contar con una red de acompañamiento basada en la solidaridad

En la ecoaldea comparten mates, conversaciones y actividades. También es habitual que se ayuden ante necesidades cotidianas, como la falta de yerba o nafta

Para Vivi, la mudanza tampoco representa un alejamiento de su familia. “Lo vivo como un proyecto familiar. Ahora estoy sola, pero pueden venir cuando quieran”, afirmó

Después de criar a sus tres hijos como madre soltera, eligió afrontar la jubilación como un nuevo punto de partida. Dejó atrás una rutina de décadas y construyó una vida distinta en el monte cordobés