Ainoa Blasco lleva tres años trabajando como camionera en España y asegura que el oficio exige mucho más que resistencia al volante. Dormir lejos de casa, sostener jornadas largas y pasar varios días dentro del vehículo forman parte de una rutina que, según relata, también puede desgastar emocionalmente

Una presión que no siempre se ve

La conductora explicó que el trabajo en ruta combina factores que se acumulan con el tiempo: la soledad, la distancia de la familia, la responsabilidad de manejar un vehículo de gran porte y la dificultad para mantener una vida ordenada fuera del camión

En ese contexto, planteó que el bienestar psicológico debería tener el mismo peso que otras condiciones laborales del sector. También sostuvo que, en general, se habla poco de ese costado de la profesión

El momento en que tuvo que frenar

Blasco recordó que atravesó una crisis de ansiedad mientras estaba trabajando. Dijo que en ese momento se le nubló la vista y decidió detener el camión porque entendió que no podía seguir conduciendo con seguridad

Después de ese episodio, la angustia no quedó solamente asociada al trabajo y comenzó a extenderse también a otros momentos del día. La situación se volvió difícil de manejar hasta que pidió ayuda y recibió medicación

Pasión por el oficio, pero con límites

A pesar de las dificultades, Ainoa asegura que disfruta conducir y que eligió esta profesión de manera consciente. Su testimonio apunta a mostrar que gustar de un trabajo no elimina las exigencias ni los riesgos que puede implicar

Para ella, la seguridad en ruta no depende solo del estado del vehículo, los controles o los descansos reglamentarios. También depende de la persona que conduce y de su estado emocional