La identidad de Lima, sostiene Aldo Vera Carrillo, no puede explicarse solo desde sus zonas más conocidas. Para el autor de Lima, hora cerro, la capital también se entiende a partir de las historias, costumbres y expresiones culturales que se fueron incorporando con el paso de las generaciones
Su mirada pone el foco en la huella migrante y en las nuevas formas de pertenencia que nacieron en una ciudad marcada por el encuentro de procedencias distintas. Desde ahí, cuestiona la forma en que suelen representarse Lima, sus desigualdades y sus tensiones raciales
Una ciudad más amplia que sus vitrinas habituales
Vera afirma que durante años la ciudad fue interpretada desde una mirada demasiado estrecha. Según dice, la televisión, la radio y otros medios convencionales concentraron su atención en pocos distritos y dejaron fuera buena parte de la vida urbana
En esa lectura, Lima no se agota en Miraflores y Barranco. También están el cerro El Pino, Lima Norte, Lima Este y Lima Sur, además de circuitos culturales y festivos que rara vez ocupan espacio en la agenda pública
El autor incluso plantea que la verdadera minoría, en términos de representación, está en esos sectores que suelen aparecer como centro del relato urbano. Para él, Lima está integrada por 41 o 42 distritos y no puede resumirse en dos o tres postales
Migración como rasgo constitutivo
Vera rechaza la idea de una Lima separada del resto del país. Recuerda que la migración ha sido permanente y que gran parte de la población tiene ascendencia provinciana
Por eso, dice, hablar de una Lima completamente limeña no tiene sentido. Lo que queda son rastros de la ciudad de inicios del siglo XX, mientras el resto se fue transformando con el aporte de quienes llegaron desde otras regiones
También cuestiona la distancia con la que a veces se habla de la capital frente a las provincias. En su lectura, esos vínculos familiares y culturales siguen vivos en la vida cotidiana de la ciudad
Racismo, poder y espacios compartidos
Sobre la persistencia del racismo, Vera distingue entre contextos donde la discriminación se expresa con claridad y otros en los que las relaciones cambian. Cita como ejemplo algunas discotecas de años pasados, frente a espacios festivos donde participan personas de distintos orígenes sin la misma lógica segregadora
En su visión, festivales de danzantes de tijeras, encuentros taurinos en zonas populares y celebraciones en la periferia muestran una dinámica más amplia y colectiva que la que suele verse en ambientes de élite
También advierte que la discriminación opera a través del poder: palabras como “cholo”, “serrano”, “blanco” o “rosado” pueden cambiar de sentido según quién las use y en qué contexto aparezcan
La política no explica todo
El escritor sostiene que muchas lecturas sobre la supuesta separación entre Lima y las regiones terminan siendo reductoras. A su juicio, interpretar la realidad solo desde los resultados electorales o desde discursos políticos deja fuera expresiones culturales mucho más vivas
Habla de fiestas folclóricas en plazas, pasacalles por el centro y reuniones de jóvenes que bailan saya, caporales, marinera o salsa en espacios como el Paseo de los Héroes Navales. Para él, ahí ocurre una verdadera apropiación de la ciudad
En ese sentido, considera que la vida popular avanza por fuera de los relatos mediáticos y que no siempre se identifica con los discursos políticos que los acompañan
Un libro como homenaje y una Lima en clave popular
El título del libro rinde homenaje a Enrique Congrains y dialoga con El niño junto al cielo. Vera busca mostrar una Lima viva, colorida y exuberante, construida por los provincianos que llegaron a habitarla
En esas páginas aparecen figuras como Los Mojarras, Laíta y Los Chapis, a quienes toma como parte de esa identidad urbana y popular. Para él, esa es la ciudad que importa narrar
Entre sus próximos intereses figuran la poesía y la música tropical andina, un género que considera urbano y no exótico. Menciona a Pintura Roja, Muñequita Sally, Princesita Mily, Alejandro Zárate y Los Chapis como parte de una tradición que, afirma, también ayuda a entender Lima