Andrew Garfield atraviesa un momento de alta exposición artística. A sus 43 años, el actor se prepara para dos proyectos que lo llevan desde la Edad Media hasta el presente tecnológico: The Uprising, de Paul Greengrass, y Artificial, de Luca Guadagnino

Personajes al límite

En la primera película, Garfield interpreta a Ploughman, un campesino medieval que se rebela después de perder a su familia por la peste. La historia pone el foco en el abuso de poder y en la dignidad de quienes quedan atrapados por sistemas injustos

En Artificial, en tanto, asume el papel de Sam Altman, fundador de OpenAI, dentro de una trama centrada en la crisis interna de la compañía tras su destitución y posterior regreso. Para construir al personaje, el actor trabajó a partir del guion, transcripciones judiciales, entrevistas y documentación de apoyo

La incomodidad de encarnar la oscuridad

Garfield reconoció que este tipo de trabajos le resultan valiosos, pero también agotadores. Dijo que agradece la experiencia, aunque no disfruta del proceso de sostener durante tanto tiempo figuras complejas o moralmente ambiguas

También explicó que en su método actoral busca encontrar dentro de sí la esencia de cada personaje y enfrentarse a zonas internas que suelen quedar reprimidas. En esa búsqueda, sostuvo que necesita permitirse fallar sin miedo y dejar de lado la exigencia permanente de estar en control

Una pausa después de la intensidad

El intérprete admitió que estos papeles le dejaron una sensación de alivio cuando terminaron. Tras una etapa de rodajes intensos, planea bajar el ritmo, acercarse a su entorno más cercano y alejarse por un tiempo de la exposición pública

Antes de ese descanso, todavía tiene en agenda Wild Things, una miniserie centrada en Siegfried y Roy, donde trabajará junto a Jude Law. La seguidilla confirma que Garfield sigue apostando por personajes exigentes y universos en transformación