La avenida Alvear nació como un camino rural y terminó convertida en una de las arterias residenciales más distinguidas de Buenos Aires. Aunque muchas de sus grandes mansiones fueron demolidas, todavía sobreviven edificios capaces de evocar el esplendor de la Belle Époque porteña

Por sus balcones pasaron figuras de la realeza, la política y la cultura internacional. Allí fueron recibidos el príncipe Eduardo de Gales, la infanta Isabel de Borbón, el cardenal Pacelli y el presidente brasileño Getúlio Vargas. También se alojaron en el Alvear Palace Hotel personalidades como Walt Disney, la reina Sofía de España, Francis Ford Coppola, Vladímir Putin y Sean Connery

De una quinta rural a una gran avenida

En el plano de 1772, el trazado aparecía como una calleja sin nombre dentro de la quinta Los Olivos, propiedad de Martín de Altolaguirre. Allí se criaban gallinas, se recogían duraznos y se tomaba mate bajo las higueras

Con el tiempo, el camino cambió de denominación. En 1879 figuraba como Progreso y, pocos años después, como Bella Vista. Durante la gestión del intendente Torcuato M. de Alvear se extendió, se ensanchó y adquirió el carácter de avenida. La ordenanza del 31 de enero de 1883 la designó oficialmente como Carlos María de Alvear, en homenaje al padre del intendente

El desarrollo del Ferrocarril del Norte, la llegada de tranvías, las epidemias de cólera y fiebre amarilla y el desplazamiento de las familias acomodadas hacia el norte de la ciudad aceleraron su crecimiento. También influyeron la expansión inmobiliaria y la fascinación de la élite por los modelos europeos

El barrio de las grandes residencias

Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, la avenida atrajo a familias del patriciado porteño, empresarios inmigrantes y dirigentes provincianos. La Plazoleta Carlos Pellegrini concentró algunas de las residencias más importantes de la época

De aquel conjunto todavía permanecen el Palacio Ortiz Basualdo, actual Embajada de Francia, y el Palacio Pereda, sede de la Embajada de Brasil. También sobrevivió la residencia de una de las hermanas Unzué, hoy ocupada por el Jockey Club

La casa de Av. Alvear 1605, diseñada por Edouard Le Monnier para Juan Fernández y Rosa Anchorena, conserva la totalidad de su antiguo parque. Fue alquilada en 1922 por el presidente Marcelo T. de Alvear y luego adquirida por Adelia M. Harilaos de Olmos, quien la legó a la Santa Sede. Desde 1952 funciona como Nunciatura

La avenida, sin embargo, nunca fue completamente homogénea. Mansiones y palacetes convivieron con almacenes, talleres, bares, fábricas de hielo y lotes vacíos. En las cercanías de Alvear y Ayacucho, el Recreo Belvedere tenía un velódromo donde las carreras nocturnas podían terminar en violentas peleas

Una colección de estilos europeos

Las familias adineradas contrataron arquitectos argentinos y extranjeros para convertir sus casas en símbolos de prestigio. El resultado fue un paisaje ecléctico, con referencias francesas, inglesas, italianas, neogóticas, victorianas y art nouveau

El Palacio Pereda fue concebido siguiendo el modelo del Museo Jacquemart-André de París. El Palacio Ortiz Basualdo combinó proyectos de Paul Pater y Eugène Gantner, mientras que las residencias de las hermanas Unzué fueron iniciadas por Juan Antonio Buschiazzo

En la avenida también se levantaron la palazzina neogótica de Pastor Obligado, la residencia de Alexander Hume, hoy conocida como Residencia Maguire, y la casa de Eduardo Casey, actual sede del Ministerio de Cultura. Las dos últimas, con ladrillo visto, revoque símil piedra París y mansardas de pizarra, son consideradas las principales sobrevivientes de aquella arquitectura

Otros edificios no tuvieron la misma suerte. Las casas de Gustavo Frederking, Adela Maderna y Joseph Drysdale fueron demolidas para ampliar el Hotel Alvear. También desaparecieron las residencias de Carlos Ocampo, Federico González Alemán, Jacinto Moss y Candelaria Solís, entre muchas otras

En Av. Alvear 1780 todavía se conserva una residencia art nouveau proyectada por Arturo Prins para José M. Llobet. En el número 1711 se levantaba la pintoresca casa del comodoro Augusto Lasserre, con un mirador orientado hacia el río. La residencia de Federico González Alemán, en el 1891, fue demolida en la década de 1930 para dar lugar al futuro Alvear Palace Hotel

La crisis que cambió el paisaje

La caída de la Bolsa de Wall Street, en octubre de 1929, puso fin a una etapa de prosperidad. La crisis del modelo agroexportador afectó a las familias terratenientes y modificó el destino de muchas mansiones de la avenida

Los palacios comenzaron a ser vendidos, subdivididos o reemplazados por edificios de renta. En el lugar de la residencia de Teodoro de Bary se construyó el Palacio Duhau, una copia del Château du Marais que actualmente integra el Park Hyatt Hotel

Durante esos años también aparecieron edificios de departamentos proyectados por Alejandro Bustillo y otros estudios. En Av. Alvear 1711/27 se construyó un edificio de renta para Ricardo Green y María Rosa Devoto, hoy Casa de las Academias Nacionales. En el 1750, Bustillo realizó un petit hôtel para los Duhau-Lacroze, luego transformado en dos unidades independientes

El Alvear Palace Hotel fue inaugurado el 3 de septiembre de 1932. Su escala modificó por primera vez de manera contundente la fisonomía de la avenida. En el subsuelo funcionó la boîte África, decorada con una estética inspirada en los escenarios de Hollywood

El avance del modernismo

Hacia 1932 aparecieron nuevas formas arquitectónicas. En la esquina de Alvear y Parera se construyó un edificio de Sánchez, Lagos y de la Torre para Pablo Cárdenas y Diego Kavanagh. Su volumetría y sus ventanas horizontales anticiparon soluciones que luego serían utilizadas en el Edificio Kavanagh

Otros edificios de Pater y Morea incorporaron referencias del arquitecto francés Roux-Spitz y formaron un conjunto moderno entre Alvear, Parera y Libertad

La Ley 13.512, sancionada en 1948, aceleró la transformación. La posibilidad de construir departamentos bajo el régimen de propiedad horizontal favoreció la demolición de los últimos petits hôtels y dio paso a una nueva arquitectura residencial

Una avenida entre el pasado y el presente

Durante las décadas de 1950 y 1960, las fachadas neoclásicas y los edificios de departamentos se multiplicaron. La avenida perdió buena parte de sus palacios, pero mantuvo una identidad marcada por la convivencia de épocas y estilos

Hoy, la avenida Alvear reúne embajadas, hoteles, comercios de lujo, edificios administrativos y residencias familiares. Entre construcciones modernas y antiguos palacetes, todavía conserva la memoria de una ciudad que buscó proyectarse como una capital europea sin dejar de ser Buenos Aires