La situación de las vacunas en el país volvió a encender alertas. Los datos disponibles muestran que ninguna dosis alcanza el 95% de cobertura necesario para sostener la inmunidad comunitaria, y esa brecha ya tiene consecuencias visibles en forma de brotes de hepatitis A, tos convulsa, gripe y tuberculosis

Especialistas en infectología y vacunación advierten que el problema no se limita a un grupo de edad. También aparecen coberturas bajas en embarazadas, adolescentes y adultos con indicación específica, lo que deja abiertos distintos frentes de riesgo sanitario

Hepatitis A: un regreso evitable

La hepatitis A es hoy uno de los ejemplos más claros. A nivel nacional, la cobertura promedio ronda el 49,4%, muy lejos del nivel esperado. En la ciudad de Buenos Aires el indicador cae todavía más y se ubica en 29%

Antes de que la vacuna ingresara al calendario oficial, en 2005, la hepatitis fulminante era una de las principales causas de trasplante hepático pediátrico. Esa forma grave de la enfermedad puede prevenirse con inmunización, pero la protección actual sigue siendo insuficiente

El problema no alcanza solo a chicos. También hay adultos con indicación de vacunación por pertenecer a grupos de riesgo que no siempre la reciben

Tos convulsa y embarazo: una deuda persistente

La tos convulsa continúa en circulación y ya dejó 14 muertes en bebés y niños menores de 2 años entre 2025 y lo que va de 2026. La prevención depende en gran medida de la vacunación durante el embarazo, con una dosis de DPTa a partir de la semana 20

Las coberturas de esa vacuna son bajas en varios distritos y eso se traduce en mayor vulnerabilidad para los recién nacidos. En paralelo, persisten fallas en el diagnóstico oportuno y en el inicio temprano del tratamiento, dos pasos clave para cortar cadenas de contagio

Las embarazadas también deberían recibir inmunización contra influenza y virus sincicial respiratorio, pero las oportunidades perdidas siguen siendo frecuentes. En muchos casos no se completa el esquema por falta de recomendación, problemas de acceso o ausencia del insumo

Gripe y tuberculosis: dos brotes que no ceden

El brote de influenza acumula casi 800.000 casos. Los menores de 10 años concentran una proporción muy alta de los contagios, con especial impacto en los menores de 2 años

La tuberculosis también muestra una curva ascendente: en lo que va del año se notificaron casi 8200 casos nuevos, una cifra superior al total acumulado entre 2022 y 2025. Aunque la vacuna BCG ayuda a prevenir las formas más graves, no evita por completo la enfermedad

La expansión de la tuberculosis se vincula con pobreza, desnutrición, demoras en la consulta y abandono del tratamiento. Cuando la atención se interrumpe, el riesgo de resistencia aumenta

Caídas en casi todo el calendario

Las bajas coberturas no se concentran en una sola vacuna. La primera dosis contra polio llegó a 50,5% a nivel nacional; la triple viral, que protege contra sarampión, paperas y rubéola, apenas alcanza 51,5% este año; y los refuerzos en distintas edades muestran descensos marcados

También hay rezagos en vacunas como rotavirus, neumococo, meningococo, VPH y fiebre amarilla, esta última con especial relevancia en provincias del norte. En varios casos, los refuerzos están muy por debajo de lo necesario para sostener la protección colectiva

El sarampión sigue bajo control, pero los expertos recuerdan que sigue siendo uno de los virus más contagiosos conocidos y que cualquier caída de cobertura puede reabrir la puerta a su reintroducción

La barrera principal: acceso

Para los especialistas, la principal explicación de fondo es el acceso. En ciudades grandes, donde la población es más dispersa y la demanda depende más de que cada persona se acerque por su cuenta, la vacunación pierde eficacia si no hay campañas activas, horarios amplios y estrategias territoriales

Entre las medidas que proponen figuran vacunatorios sin turno, jornadas en escuelas y hospitales, campañas intensivas y mejores oportunidades para aplicar varias dosis en una misma consulta. También reclaman eliminar falsas contraindicaciones y reforzar la capacitación de los equipos de salud

La conclusión es clara: cuando se acumulan esquemas incompletos, crece la población susceptible y aumenta el riesgo de brotes. El desafío no es solo sanitario, también es organizativo y político