Leonardo DiCaprio compró en 2005 Blackadore Caye, un cayo de 42 hectáreas situado frente a la costa de Belice. El actor llegó a conocer la zona durante un viaje dedicado al buceo en los arrecifes del país

Su intención era crear un proyecto turístico capaz de financiar la recuperación de un ecosistema deteriorado por décadas de actividad humana. La propuesta fue bautizada como Blackadore Caye, a Restorative Island

Una isla afectada por la pérdida de vegetación

Blackadore Caye se encuentra a unos 45 minutos en barco del Aeropuerto Internacional Philip S. W. Goldson y a cerca de 15 minutos de San Pedro, la localidad más próxima. El cayo no tiene habitantes permanentes

Durante años, pescadores que se dirigían hacia los mercados de México utilizaron sus manglares como fuente de leña y para procesar sus capturas. También se retiraron palmeras para la ornamentación de hoteles en San Pedro

La pérdida de vegetación debilitó las dunas y dejó partes de la costa más expuestas al oleaje y la erosión. El deterioro se produjo en un entorno de gran valor natural, debido a la presencia de la segunda barrera de coral más grande del mundo y a su diversidad de especies marinas

El diseño del complejo y sus objetivos ambientales

El plan contemplaba villas, residencias privadas, áreas para investigación y espacios dedicados a la conservación. Las construcciones se levantarían sobre una plataforma elevada para reducir su impacto sobre el terreno

Entre las medidas anunciadas figuraban la replantación de manglares nativos, la sustitución de especies invasoras y la creación de un vivero de pastos marinos destinado a respaldar la conservación de los manatíes

El proyecto también incluía arrecifes artificiales y refugios submarinos para peces. Cerca del 45% de la superficie de la isla quedaría reservado para tareas de conservación

La iniciativa proponía utilizar energías renovables, sistemas de tratamiento de agua y materiales considerados no tóxicos. Además, se planeaban restricciones para los visitantes, como la prohibición de ingresar botellas plásticas de agua y una orientación sobre las condiciones ecológicas del cayo

Socios, retrasos y fechas de apertura incumplidas

DiCaprio adquirió el terreno por 1,75 millones de dólares junto con Jeff Gram, propietario de Cayo Espanto Island Resort. El principal desafío posterior fue encontrar un socio dispuesto a desarrollar el proyecto bajo los estándares ambientales propuestos

Un acuerdo inicial con Four Seasons Hotels no avanzó. Más tarde, el actor se asoció con Paul Scialla, director ejecutivo de la desarrolladora Delos, y ambos impulsaron la firma Restorative Islands L.L.C

El diseño arquitectónico quedó en manos de Jason F. McLennan y tomó como referencia los criterios de Living Building Challenge, un estándar que busca la autosuficiencia en agua y energía

La apertura estaba prevista inicialmente para 2018 y luego fue trasladada a 2020. Ninguna de las dos fechas se cumplió. Una proyección posterior ubicó la finalización hacia el último trimestre de 2023, después de una pausa relacionada con las restricciones impuestas durante la pandemia de COVID-19

Ese diseño contemplaba 116 unidades: 68 villas, 48 residencias privadas sin conexión a redes convencionales y un club privado. Sin embargo, también se informó que no había obras en marcha ni un calendario de construcción definido, aunque el proyecto no había sido dado de baja

Las críticas por el posible impacto sobre los hábitats marinos

Organizaciones vinculadas con la conservación de pesquerías y representantes del turismo local cuestionaron la iniciativa. Aaron Adams, director de ciencia y conservación de Bonefish & Tarpon Trust, consideró que presentar el complejo como restaurativo podía constituir greenwashing

Entre los riesgos señalados estuvieron el posible dragado para crear playas, el aumento del tránsito de embarcaciones, la contaminación y el ruido. Según esa postura, esas intervenciones podrían alejar a los peces y perjudicar la pesca con mosca, una actividad que genera alrededor de 55 millones de dólares anuales para Belice

Rebecca Arceo, operadora turística y una de las referentes de la protesta local, también cuestionó que un complejo dirigido a visitantes de alto poder adquisitivo pudiera presentarse como una solución ambiental

Los detractores promovieron que el cayo se transformara en una reserva marina permanente. Los desarrolladores, en cambio, defendieron que el proyecto permitiría recuperar manglares, ampliar las áreas protegidas y operar con energía renovable

Con las obras postergadas y sin una fecha firme para su concreción, el futuro de Blackadore Caye depende de la aprobación de permisos, la financiación y el cumplimiento de las condiciones ambientales exigidas por sus impulsores y cuestionadas por sus opositores