Carla Pereyra siente que Madrid fue una decisión tomada mucho antes de subirse a un avión. Nacida en Paraná, confiesa que cuando trabajaba como modelo ya imaginaba una vida en la capital española, mucho antes de que la ciudad tuviera el peso internacional que tiene hoy
Ahora vive allí con Diego Simeone y sus hijas, Francesca y Valentina, y dice estar en uno de los momentos más plenos de su vida. Entre trabajo, reuniones con amigas y planes en familia, describe una rutina atravesada por la gratitud, la introspección y una mirada más serena sobre lo que fue y lo que eligió dejar atrás
De la soledad al cambio de rumbo
Pereyra recuerda que sus primeros años lejos de su entorno no fueron sencillos. La distancia con su familia y la sensación de estar sola la llevaron a repensar su camino. Ese proceso, cuenta, estuvo acompañado por terapia, apoyo espiritual y el sostén de sus afectos más cercanos
Según explica, con el tiempo aprendió a confiar más, a pedir ayuda y a soltar aquello que no podía controlar. También reconoce que hoy mira distinto hábitos y decisiones de otra época, cuando actuaba con menos conciencia sobre lo que hacía
Un encuentro que cambió todo
La mudanza a Madrid terminó acercándola a Simeone. Después de volver a Buenos Aires y regresar a España, lo conoció a los dos días en un restaurante. Ella estaba con amigas, él con otras personas, y el vínculo apareció de inmediato. Hablaron, se intercambiaron teléfonos y al día siguiente él la invitó al cine
Más de una década después, Pereyra resume esa historia en una familia consolidada y una relación que define como sólida. Dice que su pareja es sensible, leal y compañera, y que la construcción compartida fue una apuesta mutua desde el comienzo
Familia, mesa larga y presente pleno
Hoy, la exmodelo destaca sobre todo la vida familiar. Habla de sus hijas, de los hijos mayores de Simeone, de sus nietos y de la convivencia con distintas etapas y vínculos. Para ella, la familia se sostiene en la cercanía, la conversación y la disposición a integrar a todos
También valora la convivencia entre Argentina y España en su vida cotidiana, y dice que el fútbol, las costumbres y la identidad nacional aparecen con fuerza cuando vive lejos de su país. Aun así, sostiene que su presente está marcado por algo más simple: vínculos honestos, buena comida, amigos y la tranquilidad de sentirse en el lugar que eligió