Un cepillo de dientes de hueso pulido, botones de nácar, fragmentos de vajilla, botellas y antiguas cañerías integran las huellas conservadas en el Castillo San Carlos, en Concordia. Estos restos permiten imaginar cómo funcionaba la residencia y cómo era la vida de sus habitantes

El lugar también conserva el recuerdo de un episodio ocurrido en 1929, cuando Antoine de Saint-Exupéry realizó un aterrizaje de emergencia en las cercanías y conoció a Suzanne y Edda Fuchs Valon, dos hermanas que vivían en el castillo junto con un zorro, un hurón, un mono y un enjambre de abejas

Con el tiempo, algunas coincidencias entre aquella experiencia y el universo de El Principito llevaron a considerar a San Carlos como una posible fuente de inspiración. Sin embargo, no existe evidencia que permita afirmar que la novela haya sido escrita allí ni que sus personajes y símbolos tengan un origen directo en Concordia

Objetos que reconstruyen la vida cotidiana

Las investigaciones arqueológicas iniciadas en 2012 identificaron restos de los antiguos sistemas de circulación de agua. Entre ellos aparecen albañales construidos con ladrillo y cemento y ductos ocultos dentro de los muros, algunos todavía visibles durante el recorrido

En el sector de las antiguas caballerizas, convertido actualmente en Centro de Interpretación, también se hallaron botones de nácar, fragmentos de vajilla, botellas de Bitter Secrestat, una plancha de hierro, un cairel de lámpara y un cepillo de dientes de hueso pulido

Más que tesoros, se trata de pequeñas evidencias materiales. Cada fragmento aporta información sobre el funcionamiento de la residencia y sobre la época en que estuvo habitada

Una residencia moderna para fines del siglo XIX

La construcción comenzó en 1886, cuando el industrial francés Édouard Demachy encargó una residencia de 1200 m² en tierras destinadas también a un saladero y a fábricas de conserva, velas y jabón. El proyecto se realizó con planos traídos de Francia

El edificio incorporó hierros de Inglaterra, maderas de Alemania, mármol italiano, cristales y terciopelos franceses. También contaba con iluminación a gas, agua corriente, sanitarios móviles y sistemas de calefacción

La cocina se encontraba a unos 260 metros de la residencia principal, en el sector donde hoy está el Jardín Botánico. La comida era trasladada hasta la casa mediante un sistema que permitía conservarla caliente. La construcción también incluía estufas de mármol de Carrara y materiales refractarios importados de Francia

La familia Demachy abandonó la propiedad en 1891. En 1929, el municipio adquirió el inmueble y lo alquiló a la familia Fuchs Valon

El incendio y la conservación de las ruinas

En septiembre de 1938, un incendio destruyó los techos de chapa y los dinteles de madera. Después siguieron décadas de abandono y saqueos que modificaron profundamente la estructura original. De las 27 habitaciones ya no quedan espacios completos

La recuperación patrimonial no buscó reconstruir el palacio como si permaneciera intacto. El objetivo fue consolidar las estructuras sobrevivientes y preservar las huellas capaces de explicar su historia. Las investigaciones arqueológicas profundizaron ese trabajo desde 2012

El aterrizaje de 1929

El monoplano Latécoère 25 de la compañía Aéropostale sufrió una avería después de que una de sus ruedas se enganchara en una vizcachera. Saint-Exupéry debió aterrizar sobre una planicie cercana al castillo

Allí recibió la asistencia de Suzanne y Edda Fuchs Valon, que hablaban francés. La convivencia de las jóvenes con distintos animales quedó vinculada posteriormente con textos de Saint-Exupéry, entre ellos el relato “Las princesas argentinas”, publicado en 1932, y el capítulo “Oasis”, de Tierra de hombres

En esos escritos aparecen las jóvenes, el paisaje rural y algunos animales relacionados con la experiencia en Entre Ríos. Las coincidencias con El Principito son visibles, aunque no permiten establecer una relación directa entre cada elemento de la obra y el castillo

Una historia que llegó al cine y al homenaje

En 1940, Saint-Exupéry conoció al director Jean Renoir a bordo del barco Siboney, durante un viaje hacia Estados Unidos. A partir de entonces intercambiaron correspondencia y grabaciones vinculadas con un proyecto cinematográfico en el que reaparecían San Carlos, las dos jóvenes, el paisaje y el campo donde había aterrizado el avión

Dentro del predio también se encuentra la escultura El Principito y su Asteroide, realizada por la artista entrerriana Amanda Mayor. Fue inaugurada en diciembre de 1997 por iniciativa de un grupo de estudiantes de cuarto grado de Paraná que quería conocer el lugar asociado con el autor

Cómo visitar el Castillo San Carlos

El Parque San Carlos está ubicado en Av. Belgrano y Arruabarrena, Concordia, Entre Ríos. El ingreso al parque es libre y gratuito durante todo el año. El área natural protegida tiene 70 hectáreas e incluye las ruinas del Palacio San Carlos, el Jardín Botánico Aníbal Carnevalini y el Monumento Histórico Nacional Éxodo Oriental

El sector de ruinas y el Centro de Interpretación abre todos los días de 9 a 19. Las visitas guiadas salen cada hora, duran entre 40 y 50 minutos y recorren la arquitectura, la historia de sus habitantes y el proceso de conservación patrimonial. El precio es de $3200. Informes: 345-422-8587, de 9 a 19