Ceuta, la ciudad autónoma española situada frente a Marruecos, atraviesa una de las mayores crisis migratorias de su historia reciente. En una semana ingresaron de manera irregular alrededor de 50.000 personas a este enclave de 18,5 km², donde viven unos 84.000 habitantes

El aumento de llegadas obligó a desplegar al Ejército y mantuvo la presión durante la noche y la mañana siguiente. Según los datos reportados, 41 personas murieron al intentar alcanzar la ciudad nadando desde la costa marroquí

Refugios improvisados en la frontera

Al caer la noche, los galpones industriales de la zona fronteriza de Tarajal dejaron de cumplir su función habitual y pasaron a ser espacios de resguardo improvisado. Allí se instalaron cientos de jóvenes, en su mayoría marroquíes, que esperaban una oportunidad para cruzar

Algunos durmieron sobre cartones; otros permanecieron despiertos, conversaron, comieron lo que tenían o simplemente miraron las rejas que separan ambos lados. El calor y la incertidumbre convirtieron el lugar en un campamento abierto, mientras las fuerzas de seguridad intentaban contener un flujo constante de personas

Vehículos de transporte llegaron para retirar a grupos interceptados y, al mismo tiempo, nuevos migrantes siguieron acercándose al perímetro. Entre los barrotes con alambre de púas, mujeres y familias aguardaron novedades, mientras del otro lado varios jóvenes trepaban la valla en medio de escenas de agotamiento y desesperación

La presión también se sintió del lado marroquí

En la ciudad marroquí de Fnideq, junto al paso fronterizo, miles de jóvenes se reunieron durante el jueves por la noche. El motivo exacto de esa oleada no quedó claro, aunque algunos dijeron haber escuchado que la frontera estaba abierta

Uno de ellos, Abdelhakim, contó que caminó unos 14 kilómetros por las montañas para intentar llegar a Ceuta. Dijo que le habían sugerido cruzar por mar, pero que abandonó al verse sumergido y observar la muerte de dos jóvenes. “Entonces retrocedí y recordé que tenía dos hijos”, relató

Durante la madrugada, la policía marroquí utilizó cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud concentrada en la zona. Como respuesta, algunos jóvenes arrojaron piedras e incendiaron decenas de vehículos

Entre quienes esperaban cruzar había también mujeres y niños procedentes de Marruecos y del África subsahariana. Las autoridades reforzaron la seguridad en los accesos y usaron camiones con agua a presión para frenar los intentos de aproximación

Historias de quienes siguen intentando entrar

Ahmed Karim, un marroquí de 33 años, aseguró que cruzó por la falta de trabajo en su país. “Muchas personas quieren ir a Europa, a América, pero no tienen la oportunidad”, afirmó

Otra escena ocurrió junto a la carretera que lleva al paso fronterizo, donde Fátima Mahli, de 23 años, esperaba con sus dos hijas. Contó que su marido había partido antes del amanecer para intentar llegar a nado. “Pensaba que podría cruzar la frontera a pie. Pero estamos atrapadas acá, sin poder volver a casa”, explicó

El episodio recuerda la crisis de mayo de 2021, cuando más de 10.000 personas entraron en apenas dos días tras una flexibilización de los controles en medio de una disputa diplomática entre ambos países

Mientras tanto, las carreteras de acceso a Fnideq quedaron colapsadas y siguieron llegando personas, entre ellas menores, algunas por la autopista y otras por senderos de montaña para evitar los controles