A cuatro décadas del accidente de Chernobyl, volvió a mi memoria una escena en el Sahara que une aquel hecho con la Argentina y con la familia Sabato
Era una misión en Argelia, junto al vicecanciller Jorge Federico Sabato, para promover la exportación de un reactor experimental argentino. La última noche del viaje fue una cena oficial en Tamanrasset, en un salón austero, con una mesa en U y un televisor encendido al frente de todos
La noticia que cambió la noche
Cuando advertí en la pantalla la imagen de un reactor nuclear, me acerqué a Sabato y le susurré que acababa de producirse el accidente más grave de la historia en Chernobyl, con muertos, heridos, evacuaciones y pedidos de ayuda internacional
La delegación argentina y la anfitriona dejaron sus conversaciones y siguieron las imágenes con atención. Era el domingo 27 de abril de 1986
Desde ese momento, la catástrofe marcó el resto de las reuniones. Sabato insistía en que en Chernobyl habían confluido fallas humanas con una tecnología obsoleta, y subrayaba que el desarrollo argentino respondía a estándares altos, vinculados con las experiencias alemana y canadiense que orientan Atucha y Embalse
Una historia familiar y política
Detrás de esa explicación había una memoria más profunda. Ernesto Sabato había sido un joven físico nuclear formado con apoyo de Bernardo Houssay y había trabajado en París, en el laboratorio de Madame Joliot-Curie, donde los primeros ensayos de radiación le provocaron un fuerte rechazo moral que luego volcó en su obra literaria
Su hijo, Jorge Federico, había crecido bajo otra influencia decisiva: la de Jorge Alberto “Jorjón” Sabato, figura clave del desarrollo nuclear y tecnológico autónomo argentino. Ese vínculo, sumado a la cercanía con Raúl Alfonsín, ayudó a consolidar una política que combinó capacidad exportadora, responsabilidad frente a la proliferación y compromiso con el desarme, la seguridad y la paz mundial
Según esta mirada, esa línea todavía sostiene el prestigio argentino en el campo nuclear, reflejado también en la trayectoria internacional de Rafael Grossi al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica, hoy candidato a secretario general de las Naciones Unidas