La vigilancia de Internet en China dejó de ser una actividad limitada a funcionarios y equipos estatales. Con el paso del tiempo, se transformó en una industria que combina empresas privadas, organismos vinculados a medios oficiales y universidades

Su objetivo es detectar expresiones consideradas sensibles, intervenir ante publicaciones problemáticas y conducir las conversaciones digitales antes de que puedan convertirse en conflictos sociales

Una industria al servicio del control político

Cuando Internet comenzó a expandirse en la República Popular China, circularon versiones sobre grupos de usuarios pagos dedicados a defender al Partido Comunista Chino y desacreditar a sus críticos. A esos operadores se los conoció como “los de cincuenta centavos” o wumaodang

Con los años, aquella práctica se convirtió en un sector organizado y lucrativo, valuado en cientos de millones de dólares anuales. Las autoridades recurren a compañías con fines de lucro para identificar palabras clave, moderar contenidos, producir propaganda y gestionar usuarios considerados problemáticos

El sistema aprovecha big data, aprendizaje automático y personal especializado. La combinación permite seguir tendencias, medir el estado de ánimo social y preparar campañas de mensajes que aparentan surgir espontáneamente

La opinión pública como indicador de riesgo

Para el partido-Estado, la opinión pública cumple una doble función. Puede revelar el descontento con problemas locales, como la corrupción, la violencia policial o los abusos laborales, pero también puede convertirse en un canal para la movilización colectiva

El gobierno central busca identificar quejas persistentes y evitar que un episodio local se vuelva viral, apunte contra funcionarios y desemboque en protestas callejeras. Una crisis de ese tipo podría obligar a las autoridades a recurrir a una represión costosa, tanto en términos políticos como económicos

La dificultad radica en que un sistema autoritario reduce los canales convencionales para conocer las preferencias ciudadanas. Las personas pueden ocultar sus opiniones por temor a represalias o, en el extremo contrario, expresarlas masivamente y desafiar la estabilidad del régimen

Qué temas reciben mayor vigilancia

Entre los asuntos considerados especialmente delicados se encuentran la vida personal y profesional de Xi Jinping, las comparaciones del líder chino con Winnie the Pooh, la masacre de la Plaza de Tiananmen de 1989 y las consecuencias de la política de “cero covid”

El nivel de control aumenta durante períodos políticamente sensibles. La primera semana de junio concentra atención por el aniversario del 4 de junio, mientras que marzo es un mes clave debido a las reuniones en Pekín de la Asamblea Popular Nacional y de un importante órgano consultivo del Partido Comunista

Empresas, medios y universidades

Las estimaciones disponibles señalan que, ya en 1997, más de dos millones de personas participaban en tareas de monitoreo y análisis de la opinión en línea a través de distintas entidades. Entre 2016 y 2021, el sector creció alrededor de un 10% anual, impulsado por el interés oficial en reforzar la vigilancia de Internet

El control está distribuido entre compañías privadas, divisiones comerciales de grupos de medios estatales y organizaciones públicas, incluidas universidades. La contratación externa permite incorporar conocimientos técnicos, clasificar los contenidos según su nivel de amenaza y decidir cómo actuar ante los usuarios o las publicaciones señaladas

Esta modalidad también reduce la carga directa sobre la burocracia estatal. Las autoridades pueden ampliar su capacidad de vigilancia sin desarrollar internamente todas las herramientas ni mantener equipos propios al ritmo de los cambios tecnológicos

El peso de las plataformas sociales

China cuenta con más de 1100 millones de usuarios activos de redes sociales. WeChat alcanza una penetración de mercado del 92% en 2024, seguido por Douyin, con 83%; QQ, con 63%; Baidu Tieba, con 60%; Kuaishou, con 50%, y Weibo, con 46%

Weibo, lanzado por Sina en 2009, mantiene relevancia por su formato abierto y sus mensajes breves, que favorecen la formación de opinión pública. Entre 2012 y 2018, su cantidad de usuarios aumentó cerca de un 30% anual

El crecimiento de las celebridades digitales y de los líderes de opinión con grandes audiencias llevó al gobierno a reforzar las medidas contra ellos. Aunque WeChat se volvió más popular, Weibo conserva importancia como espacio visible de debate

Un sistema de vigilancia permanente

La externalización de estas tareas permite anticipar conflictos y actuar antes de que se expandan. Si una protesta llega a surgir, el Estado puede aplicar medidas selectivas sin bloquear por completo Internet

La estrategia persigue dos objetivos: aumentar la capacidad represiva y reducir sus costos. También responde a una necesidad técnica, ya que muchas dependencias del partido-Estado no cuentan con suficientes recursos humanos ni con las habilidades necesarias para gestionar el enorme volumen de contenidos digitales

El resultado es una sociedad sometida a una observación amplia y constante. Mientras las empresas continúen colaborando con las autoridades, la disidencia tendrá dificultades para encontrar espacios de coordinación y un contrapeso frente a la represión digital

Lynette H. Ong es profesora distinguida de Política China en la Universidad de Toronto y dirige el Laboratorio de Gobernanza de China en la Escuela Munk de Asuntos Globales y Políticas Públicas. Es autora, junto con Huihua Nie y Jesslene Lee, del libro Outsourcing Surveillance: Online Opinion Management in China, publicado en 2026