Hace dos décadas, Helen Roberts ingresó en una prisión de máxima seguridad de Tennessee para entrevistar a Christa Pike, una joven condenada a muerte por el asesinato de Colleen Slemmer

Pike tenía 30 años y llevaba 11 en el corredor de la muerte. En ese momento era la mujer más joven condenada a esa pena en Estados Unidos. Ahora, a los 50 años, sobrevivió a dos dosis de pentobarbital durante el intento de ejecución y permanece en estado crítico

Un encuentro detrás del vidrio

Roberts llegó al penal en diciembre de 2006. Después de atravesar controles y varias puertas de seguridad, habló con Pike a través de una ventana de cristal y mediante un altavoz

La periodista, oriunda de Conwy, en el norte de Gales, reconoció que estaba nerviosa. Esperaba encontrarse con una mujer distante y brutal, pero su impresión inicial fue muy distinta

Recordó a Pike como una persona elegante, amable y comunicativa, con un cabello rizado similar al suyo. Según Roberts, ambas encontraron algunas coincidencias que ayudaron a establecer un terreno común

“A veces me resultaba muy difícil conciliar la imagen de la mujer que tenía delante con el crimen que había cometido”, explicó. Para ella, la persona que conoció parecía, en ciertos momentos, completamente diferente de la autora del asesinato

Roberts describió a Pike como alguien dispuesto a responder. Mantenía contacto visual, no se mostraba evasiva y hablaba con claridad sobre su vida y sobre el delito por el que había sido condenada

El asesinato de Colleen Slemmer

En 1995, cuando tenía 18 años, Pike golpeó, torturó y asesinó a Slemmer, de 19, junto con su entonces novio, Tadaryl Shipp. Ambas jóvenes se habían conocido en un campamento de formación laboral para adolescentes con dificultades

Pike acusaba a Slemmer de haberla insultado y de intentar robarle a su novio. Dos residentes del campamento declararon después que Pike se había jactado del crimen y que había mostrado un fragmento del cráneo de la víctima

Pike fue sentenciada a muerte en 1996. Shipp, que tenía 17 años al momento del asesinato, recibió cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional y continúa en prisión

Durante la entrevista, Pike dijo que en el juicio no había comprendido completamente la dimensión de lo que ocurría. También admitió que le gustaba recibir atención, algo que, según explicó, nunca había experimentado antes

Al hablar del asesinato, sostuvo que había perdido el control y describió lo ocurrido como una experiencia ajena a sí misma. Dijo que lamentaba profundamente sus actos, aunque creía que ninguna explicación podía reparar el daño causado

Una infancia atravesada por abusos

Pike creció en Beckley, una pequeña ciudad obrera de Virginia Occidental. Según su relato, sus padres, Carissa Hansen y Glenn Pike, tenían problemas con el alcohol y la descuidaron

La única figura afectiva estable habría sido su abuela, que murió de cáncer cuando Pike tenía 12 años. Roberts contó que, durante su infancia y adolescencia, también sufrió abusos sexuales, períodos de abandono y distintas formas de violencia

A los 18 años, Pike ingresó en el programa Knoxville Job Corps, una iniciativa del Departamento de Trabajo estadounidense que ofrece educación y capacitación laboral gratuita a jóvenes de bajos ingresos. Ella esperaba comenzar una nueva etapa y convertirse en enfermera

Sus abogados presentaron una solicitud de clemencia de 226 páginas, pero el pedido de aplazar la ejecución fue rechazado. Expertos de derechos humanos de las Naciones Unidas también habían solicitado que el procedimiento se detuviera

La espera de una ejecución fallida

Roberts dijo que Pike tenía la esperanza de que alguien considerara el impacto de su infancia y de su salud mental en las decisiones que tomó. Aun así, sabía que las alternativas eran la pena de muerte o la cadena perpetua y prefería una vida entera en prisión

La periodista describió los días previos como extraños. No podía dejar de pensar en Pike y en la forma en que una persona se prepara para morir. También recordó que la condenada había rechazado su última comida

Al enterarse de que Pike había sobrevivido a las inyecciones, Roberts dijo que sintió que estaba viendo una película de terror. Le resultaba incomprensible que el Estado hubiera intentado matarla y que luego los médicos la trasladaran a un hospital para salvarle la vida

La tarjeta con forma de mariposa

Cuando Roberts la entrevistó, Pike permanecía aislada al menos 23 horas al día y solo podía salir a caminar durante una hora en algunos días. Era la única mujer en el corredor de la muerte y encontraba consuelo en la lectura, la televisión y las cartas de sus amigos por correspondencia

Poco después del encuentro, Roberts recibió una tarjeta hecha a mano. Pike había utilizado un papel morado con forma de mariposa para agradecerle el trato recibido

“Gracias por ser amable, gracias por tratarme como a una mujer”, decía el mensaje

Roberts aclaró que reconocer la humanidad de Pike no significaba minimizar el asesinato. Consideró que debía ser castigada y permanecer en prisión, pero también se preguntó si una intervención adecuada durante su infancia podría haber cambiado el curso de su vida

“Sigue siendo un ser humano. No hay manera de que la haya conocido sin que me haya afectado”, reflexionó la periodista