Los tomates suelen terminar en la heladera apenas llegan a casa. Sin embargo, las bajas temperaturas pueden afectar su textura y aroma: la pulpa puede volverse harinosa y perder parte de sus compuestos volátiles

El tomate necesita completar su maduración a temperatura ambiente. Cuando se expone a temperaturas inferiores a los 12 °C, se altera el proceso que interviene en la formación de los compuestos responsables de su aroma, además de reducir su jugosidad y firmeza

La bolsa de papel y la media cebolla

Una alternativa casera consiste en colocar los tomates dentro de una bolsa de papel junto con media cebolla recién cortada. El papel permite una circulación gradual de humedad y evita el exceso de vapor que puede acumularse en las bolsas plásticas

La cebolla libera compuestos sulfurados que, en un espacio parcialmente cerrado, pueden ayudar a retrasar la proliferación de hongos y microorganismos

Cómo aplicar el método en casa

  1. Elegir tomates firmes, sin grietas ni golpes visibles.
  2. Guardarlos secos y sin lavar dentro de una bolsa de papel limpia.
  3. Agregar media cebolla fresca recién cortada.
  4. Doblar la parte superior de la bolsa sin cerrarla de manera hermética.
  5. Ubicarla en un lugar fresco, seco y protegido del sol directo.
  6. Revisar el contenido cada dos días y retirar las piezas demasiado maduras o blandas.

Cuándo conviene usar la heladera

Si la temperatura ambiente supera los 28 °C o los tomates ya están muy maduros, refrigerarlos puede ser necesario para evitar que se deterioren. En ese caso, conviene retirarlos al menos una hora antes de consumirlos o cocinarlos, para recuperar parte de su aroma

También se recomienda colocarlos con el tallo hacia abajo, una posición que limita la entrada de aire y ayuda a reducir la pérdida de agua