El arresto de un marine estadounidense acusado de robar y matar a una mujer en Okinawa generó indignación entre las autoridades japonesas y volvió a poner bajo cuestionamiento la fuerte presencia militar de Estados Unidos en la isla
La policía prefectural detuvo a Devin Jacob Ballard, de 20 años, destinado en la base aérea de Futenma. Está acusado de estrangular a Anna Yagi, de 39 años, en un hotel de Naha, la capital de Okinawa, y de robarle la billetera y la mochila. El sospechoso negó las acusaciones
Las cámaras de seguridad registraron a un hombre vestido con una prenda negra, pantalones y zapatillas blancas cuando ingresaba al hotel junto a la mujer. Más tarde, el hombre salió solo
Ballard fue detenido ese mismo sábado, cuando un agente lo encontró caminando en una zona de entretenimiento de Okinawa City, a unos 25 kilómetros al noreste de Naha. La policía observó que su cabeza rapada y los tatuajes de sus brazos coincidían con las imágenes captadas por las cámaras
Una protesta contra la presencia militar
Unas 160 personas se concentraron el domingo en Naha para condenar el crimen y reclamar nuevamente el retiro de las bases militares estadounidenses de la isla. “Ya tuvimos suficiente”, podía leerse en uno de los carteles
Okinawa mantiene una relación compleja con la presencia militar estadounidense. La isla estuvo bajo ocupación de Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1972 y actualmente concentra el 70% de las instalaciones militares estadounidenses en Japón
También alberga a la mayoría de los aproximadamente 50.000 soldados estadounidenses desplegados en el país. Según la policía prefectural, los casos penales vinculados con militares estadounidenses aumentaron de unos 40 en 2020 a 101 el año pasado
El malestar se profundizó después de la violación de una niña de 12 años en 1995, que provocó grandes protestas, y de otro caso ocurrido en 2024, cuya comunicación pública se demoró
Condena de las autoridades japonesas
El gobernador de Okinawa, Genta Koja, afirmó que el caso provocó conmoción y aumentó el temor de los habitantes que viven junto a las bases estadounidenses. Calificó el hecho como “absolutamente imperdonable” y cuestionó la eficacia de las medidas disciplinarias aplicadas tras delitos anteriores
Koja también exigió medidas preventivas efectivas al teniente general Benjamin Watson, comandante de la III Fuerza Expedicionaria de Marines, y al cónsul general estadounidense en Naha, Andrew Ou
Watson reconoció la preocupación generada entre los residentes y aseguró que Estados Unidos busca comportarse como un buen vecino y recuperar la confianza de la población de Okinawa
En Tokio, la primera ministra Sanae Takaichi condenó el crimen y reclamó plena cooperación, además de medidas disciplinarias y preventivas más estrictas. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, convocó al comandante de las Fuerzas estadounidenses en Japón, Stephen Jost, mientras que el canciller Toshimitsu Motegi expresó su indignación al embajador estadounidense George Glass
El proceso quedará en manos de la Justicia japonesa
El embajador Glass expresó sus condolencias a la familia de la víctima y afirmó que Estados Unidos coopera con las autoridades japonesas. También sostuvo que los militares estadounidenses deben cumplir los más altos estándares de disciplina e integridad
El caso será investigado por la Justicia japonesa porque el sospechoso no se encontraba de servicio y fue detenido fuera de una instalación militar, según el acuerdo bilateral sobre el estatuto de las fuerzas
Los fiscales comenzaron a revisar el expediente para determinar si presentarán cargos formales en las próximas semanas. Si Ballard fuera declarado culpable, podría enfrentar cadena perpetua o la pena de muerte