Roma fue la primera ciudad europea que Micaela Mastropasqua visitó. Era adolescente cuando llegó con su familia y tomó un taxi desde el aeropuerto de Fiumicino. El Coliseo fue el primer monumento que vio y la impresión fue inmediata

La ciudad le resultó muy distinta de Buenos Aires. También la sorprendieron la moda, la elegancia y la manera de vestir de los italianos. Desde entonces comenzó a imaginarse viviendo en esa escenografía histórica

Con el tiempo, estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, trabajó y viajó. Durante una estadía en Israel decidió cambiar de rumbo y dedicar su vida al arte. Después vivió en Valencia, Madrid y Venecia, donde cofundó el taller de cerámica La Ciotola, en el Lido

Finalmente, su actividad artística la llevó a Roma. Allí eligió instalarse en Pigneto, un barrio cercano al Cinema Aquila, con mercados de frutas y verduras y una identidad joven

La vida cotidiana como una película

Para Micaela, una de las experiencias más singulares de Roma es tomar un café en un bar. Observa esos espacios como si fueran sets de filmación: el barista ocupa el lugar del director y cada cliente parece interpretar un papel

También destaca la disposición de los romanos para conversar. Según su experiencia, muchos tienen vínculos familiares o afectivos con la Argentina y suelen mostrarse abiertos, divertidos y cercanos

El descubrimiento de las iglesias menos conocidas

Roma no solo la atrajo por sus edificios antiguos. La artista también quedó fascinada por sus villas históricas, parques urbanos y zonas agrícolas

Aunque no se define como una persona religiosa, comenzó a entrar casi todos los días en una iglesia. La arquitectura y el arte sacro se convirtieron en fuentes de inspiración para su trabajo

Entre sus lugares preferidos menciona la Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, donde se encuentra la tumba de Antonietta Meo, conocida como Nennolina. La joven vivió entre 1930 y 1937 y fue declarada venerable en 2007

A Micaela le llamaron especialmente la atención los cuadernos de Antonietta, que contienen cartas dirigidas a Jesús. También recomienda visitar las basílicas de Santa Prassede, Santa Maria Maggiore, San Pablo Extramuros y San Clemente

La espiritualidad llegó a su pintura

Las horas de observación en los templos derivaron en una búsqueda personal. Micaela comenzó a explorar temas espirituales y a trasladarlos a sus obras

En ese proceso se acercó a la figura de San Francisco de Asís, cuyo legado ocupa un lugar central en su producción reciente. La artista considera que esa influencia le abrió nuevas posibilidades en Roma

Su trabajo obtuvo el primer premio de pintura en Roma Future Week. Además, durante octubre de 2026 participa en una exposición de arte sacro organizada por la Asociación UCAI en la Galleria della Pigna. La obra puede visitarse hasta el 9 de octubre

La artista también reconoce una especial devoción por el arcángel Miguel. En su mirada, las referencias a Asís y a los arcángeles funcionan como puntos de encuentro entre lo espiritual, lo artístico y lo comunitario

Argentina como parte de una nueva etapa

Pasaron ocho años desde que Micaela dejó la Argentina, pero asegura que el país continúa presente en su identidad. Ahora busca acercarse nuevamente a su tierra y a sus seres queridos sin abandonar lo aprendido en Europa

En sus próximos proyectos imagina incorporar símbolos vinculados con su historia familiar, como la Virgen de Luján y San Expedito, una figura especialmente querida por su madre

La artista entiende ese proceso como un diálogo entre dos mundos. Su interés está puesto en observar qué ocurre cuando las imágenes religiosas de la Argentina se encuentran con las formas y tradiciones que descubrió en Italia

Roma, dice, no cumplió simplemente una fantasía: también modificó su manera de pintar y de observar. La ciudad le enseñó a distinguir entre la imagen idealizada de un lugar y todo aquello que aparece cuando se lo recorre con paciencia

Para ella, la parte más interesante de Roma está en encontrar su costado genuino, el que pertenece a sus habitantes. La define como una ciudad ligada a la contemplación, al silencio y a una vida cotidiana capaz de convertir un café, una caminata y una iglesia en parte de un mismo ritual