Durante ocho años, la rutina de Ignacio y Sebastián Autiero incluyó paracaidismo, buceo, esquí, montaña y entrenamiento físico de alta exigencia. Tras dejar el Ejército Argentino, el contraste fue inmediato: oficina, computadora y planillas de Excel

Los mellizos, de 29 años y ex oficiales de la fuerza, cuentan que el cambio no fue solo laboral. También implicó dejar atrás un modo de vida atravesado por la adrenalina y la disciplina. Para ellos, el desafío más duro llegó después de sacarse el uniforme

Una vocación marcada desde la infancia

Ambos crecieron en una familia ligada al ámbito militar. Su padre es veterano de la Guerra de Malvinas y desde chicos escucharon relatos que terminaron influyendo en su decisión de seguir ese camino

Luego del secundario ingresaron al Colegio Militar de la Nación y eligieron Caballería. Durante su paso por la institución se formaron en montaña, esquí y operaciones especiales. Ignacio participó de una misión de paz en Chipre, mientras Sebastián se especializó en operaciones especiales

Con el tiempo, empezaron a preguntarse si podían construir un proyecto de vida dentro de la fuerza. La situación económica también pesó en esa decisión. En su mirada, el salario y el costo de vida en destinos alejados volvían más difícil sostener una carrera militar joven

La vida civil y la falta de adrenalina

Al dejar la fuerza, la salida más inmediata apareció en la seguridad privada. Pero el verdadero problema no fue conseguir trabajo, sino adaptarse a una rutina mucho más estática

Después de años de exigencia física y mental, pasar jornadas enteras frente a una computadora les resultó un cambio brusco. Para compensar esa pérdida de intensidad, empezaron a buscar nuevos desafíos de resistencia extrema

Hace poco completaron una carrera de 200 kilómetros en Villa La Angostura. Estuvieron 76 horas despiertos y atravesaron alucinaciones y distintos contratiempos, aunque lo vivieron como parte del entrenamiento mental que arrastran de su paso por el Ejército

La cabeza como límite

Ambos sostienen que la clave de este tipo de pruebas no está solo en el físico, sino en la fortaleza mental. También dicen que la exigencia y el legado familiar los acostumbraron a dar siempre un poco más

Hoy registran sus expediciones en un canal de YouTube y buscan mostrar el costado humano de la experiencia militar. No se enfocan en la épica del uniforme, sino en lo que esa etapa les dejó: valores, resiliencia y una forma de entender el esfuerzo que todavía los acompaña

Su próxima salida ya está definida: van rumbo al Lanín y planean descenderlo esquiando