Cuando tenía 14 años, Sigrid Dziwak podía detenerse en plena calle ante una pareja de ancianos tomada de la mano o la mirada de un perro abandonado. La emoción la desbordaba: sentía un nudo en la garganta y lloraba sin que sus compañeros entendieran qué le ocurría
Durante mucho tiempo interpretó esa intensidad como una falla. Se sentía diferente, fuera de lugar y convencida de que había algo defectuoso en su manera de reaccionar frente al mundo
Una infancia marcada por la percepción y la introspección
De adulta, las reuniones familiares numerosas también podían convertirse en una experiencia agotadora. Los gritos, las risas y la acumulación de estímulos la sobrepasaban. Para recuperar el equilibrio, se refugiaba en el baño, se sentaba en el piso con las mascotas o buscaba la compañía de los niños
“Todo lo que me pasaba, pasaba por dentro”, recuerda. La escritura, el dibujo, la lectura y la danza fueron algunas de las formas que encontró para canalizar lo que sentía. Sin embargo, había aprendido a seguir adelante y a aprovechar las oportunidades que había recibido de su familia
En el marco de un proceso terapéutico vinculado con el trabajo sobre el niño interno, decidió plantear sus dificultades para atravesar los encuentros sociales. Esperaba recibir estrategias rápidas, pero la respuesta fue distinta: debía pedirle a su madre que describiera cómo era ella a los dos o tres años y leer El don de la alta sensibilidad, de Elaine Aron
El relato de su madre le mostró a una niña introspectiva, con una gran imaginación, preguntas profundas y dificultades para adaptarse rápidamente a los ambientes nuevos. También aparecieron los problemas para dormir y las pesadillas muy vívidas
El costo de camuflarse para encajar
La descripción contrastaba con la vida que llevaba entonces. Sigrid era directora de área, viajaba por trabajo, hablaba ante grandes audiencias y se desempeñaba como vocera de una empresa en un ambiente de fuerte exigencia
También había estudiado actuación y llegó a integrar la Sociedad Argentina de Actores. Esa formación le permitió construir una imagen funcional para desenvolverse en contextos donde sentía que debía ocultar parte de sí misma
El esfuerzo tenía consecuencias físicas y emocionales. Sufría dolores, bajaba sus defensas con frecuencia y, después de las exposiciones públicas, necesitaba encerrarse en un baño o en el auto para respirar y recomponerse
Además, su capacidad para detectar tensiones, riesgos y posibles fallas podía convertirla en la persona que advertía problemas antes que los demás. En entornos laborales donde predominaba una mirada excesivamente optimista, eso afectaba sus vínculos
La comprensión llegó durante un viaje a Perú. Mientras leía el libro de Elaine Aron, comenzó a subrayar párrafos y a llorar. El reconocimiento fue inmediato: no se trataba de una enfermedad ni de un defecto, sino de una característica biológica que explicaba muchas experiencias de su vida
Qué implica la alta sensibilidad
La Sensibilidad de Procesamiento Sensorial es un rasgo temperamental, innato, biológico y hereditario. Está presente en aproximadamente el 20% de la población mundial, es decir, en una de cada cinco personas, y no está relacionada con un género específico
Las personas con alta sensibilidad no necesariamente tienen una visión o una audición más agudas. Su sistema nervioso procesa la información de manera más profunda y permite registrar matices ambientales, microgestos, cambios emocionales, luces, texturas, ruidos y olores que otros pueden pasar por alto
El principal desafío es la sobreestimulación. La acumulación de estímulos puede provocar irritabilidad, enojo, agotamiento o una pérdida importante de energía. La sensibilidad, por lo tanto, no equivale a fragilidad: también puede expresarse mediante reacciones intensas frente a un entorno excesivo
Cuando el rasgo se comprende y se gestiona, puede favorecer la empatía, la intuición, la creatividad, el sentido de la justicia y la capacidad para anticipar riesgos. El desconocimiento, en cambio, puede llevar a interpretaciones erróneas y a que algunas personas sean patologizadas o medicalizadas sin necesidad
Una nueva relación con su historia
Reconocer su alta sensibilidad modificó la vida cotidiana de Sigrid. Comenzó a tratarse con mayor compasión, a respetar sus pausas y a cuidar los momentos de sobrecarga. Su pareja también comprendió sus tiempos y se convirtió en un apoyo central
Con el nacimiento de su primer hijo, que también manifestó alta sensibilidad, aprendió a establecer límites más firmes frente a las reuniones y las demandas sociales. Para ella, esas decisiones dejaron de ser una concesión y pasaron a formar parte de una crianza consciente
El cambio también alcanzó su vida profesional. Estudió Psicología, se formó en psicoanálisis y profundizó sus conocimientos de coaching. Más tarde escribió un libro sobre su experiencia, que ayudó a sus amigas de la infancia y a sus padres a comprender aspectos de su recorrido
La presentación de esa obra permitió abrir una conversación familiar. Sus padres reconocieron el rasgo y advirtieron que también estaba presente en la rama paterna. Para su padre, criado bajo ideales de rigidez y fortaleza, ese reconocimiento significó revisar décadas de silencios emocionales
En su tarea de divulgación, Sigrid combina su formación analítica con la perspectiva de la Psicología. Entre sus propuestas se encuentra Alta Sensibilidad 101, un programa de 12 semanas destinado a docentes, profesionales de la salud, autoridades escolares y familias
La intensidad como una fortaleza
Su enfoque pone el acento en la crianza y en el entorno. Según explica, la genética ofrece una base, pero las experiencias y el acompañamiento influyen en la manera en que esa característica se desarrolla
“No tenemos que curar a nadie ni pretender que los chicos sensibles se endurezcan para encajar. Tenemos que brindarles coordenadas para que no crezcan sintiendo que son defectuosos”, sostiene
Hoy intenta vivir con menos exigencia, más pausas y mayor descanso. También resignificó una palabra que durante años escuchó como una crítica: “intensa”
Ahora la reconoce como parte de su identidad y de su capacidad para aportar. Para Sigrid, comprender que no hay nada roto en quienes sienten de esa manera puede convertirse en un alivio profundo