Lucía tiene 27 años y cambió la vida urbana por una aldea de apenas nueve habitantes en el Concello do Irixo, en la provincia de Ourense. Allí compró una casa con más de un siglo de antigüedad, junto con varias fincas, por 6000 euros, y hoy trabaja en su restauración para convertirla en su hogar definitivo
Una rutina marcada por la autosuficiencia
Su día a día está cada vez más ligado a la producción propia y al aprovechamiento de recursos. Según contó, el mayor gasto mensual lo destina a sus animales, con unos 150 euros, mientras que la compra del mes le cuesta alrededor de 50 euros gracias al huerto y a la recolección
Su objetivo es depender todavía menos de las compras. Por eso sigue ampliando la huerta para producir más alimentos y reservar el gasto externo para lo indispensable: arroz, aceite y pocos productos más
El motivo de dejar la ciudad
La decisión no fue impulsiva. Lucía explicó que fue un proceso de varios años en el que se formó en permacultura y fue tomando distancia de la vida en Madrid, que sentía cada vez menos compatible con su vínculo con la naturaleza
También aseguró que le pesaba más la idea de seguir en la ciudad que el desafío de empezar de nuevo en el campo. Al llegar a la aldea, dijo que tuvo la sensación de haber encontrado su lugar
Una adaptación más fácil de lo esperado
Lejos de imaginar un entorno frío o distante, encontró una recepción cercana por parte de sus vecinos. Contó que fue recibida con los brazos abiertos y que la convivencia terminó pareciéndose a una red familiar
Además de restaurar su vivienda, la joven participa de un proyecto más amplio de recuperación del patrimonio del lugar. La aldea conserva un horno comunal, un antiguo aserradero y un molino que esperan ser puestos en valor. En paralelo, Lucía reutiliza materiales de construcciones viejas para seguir avanzando con su casa y con una forma de vida basada en la sostenibilidad