A los 34 años, Allison Snyder dejó Nueva York, renunció a su trabajo en un estudio jurídico de Wall Street y emprendió un año de campamento por el oeste de Estados Unidos. Buscaba una vida más sencilla, lejos del agotamiento y conectada con la naturaleza
A comienzos de 2017 llegó a Telluride, Colorado. Los colores del paisaje, las montañas y las manadas de alces que recorrían el valle la convencieron de que había encontrado el lugar que imaginaba durante sus años en la ciudad
Una vida rodeada de montañas
Snyder se instaló en un valle al sur de Telluride, cerca de senderos y picos de más de 13.000 pies, unos 3962 metros. Durante el invierno observaba aves sobre la nieve y cortaba leña para mantener encendido el fuego. En primavera, veía reverdecer los álamos y regresar a las marmotas tras la hibernación
Sin embargo, después del primer año comenzó a extrañar Nueva York. La comunidad local le parecía cerrada y le resultaba difícil sentirse parte de ella. En una localidad de menos de 200 habitantes, sostenida principalmente por el turismo y el sector inmobiliario, también percibía poca diversidad
“Por mucho que disfrutara vivir en las montañas, nunca sentí del todo que perteneciera a mi pueblo”, explicó al recordar esa etapa
Cuando estaba cerca de buscar otro lugar, inició una relación con quien hoy es su esposo, un hombre que llevaba casi dos décadas en la zona. Snyder describió el vínculo como una “curita”: además de brindarle compañía, estar en pareja con alguien considerado local facilitó que otros habitantes la recibieran
Los intentos por integrarse
Durante los cinco años siguientes, Snyder buscó construir vínculos. Como trabajaba en gran parte de forma remota, se ofreció como voluntaria en un equipo cercano de esquí nórdico y en un programa de mentoría. También tuvo un empleo de medio tiempo en un alojamiento dedicado al esquí de travesía
Esas actividades le permitieron conocer personas interesadas en las carreras por senderos y el montañismo. Aun así, aseguró que no logró formar las relaciones duraderas que esperaba
También trabajó durante un año en el gobierno local, donde aplicó su formación jurídica. Investigó problemas planteados por los residentes y colaboró en la búsqueda de soluciones, pero con el tiempo la tarea se volvió frustrante
Snyder afirmó que encontró resistencia al cambio y actitudes despectivas relacionadas con su género. Finalmente, renunció. “Ese esfuerzo, como todos los demás intentos por echar raíces, me dejó sintiéndome más aislada”, señaló
El paisaje ya no alcanzaba
Cada vez que pensaba en marcharse, las montañas la hacían dudar. Se preguntaba dónde podría encontrar nuevamente cañones y senderos similares, y sentía que ningún otro sitio era comparable
Durante la pandemia, la llegada de personas procedentes de zonas densamente pobladas aumentó en los pequeños pueblos de montaña. El fenómeno hizo que abandonar el lugar le resultara todavía más difícil, porque la zona se había convertido en un destino muy buscado
En 2023 empezó a viajar con mayor frecuencia por motivos laborales. Asistía a conferencias en distintas ciudades y prolongaba sus estadías para visitar museos, recorrer los alrededores y conocer gente
Esos viajes le permitieron entender que había pasado de un extremo al otro. “En Nueva York, la parte de mí que amaba el consuelo del canto de los pájaros y los largos días en las montañas se sentía asfixiada, y en el área de Telluride, la parte de mí con más curiosidad cultural se sentía asfixiada”, explicó
Una vida entre Italia y Nuevo México
Snyder concluyó que necesitaba un lugar capaz de reunir lo que valoraba de ambos estilos de vida. Con el tiempo, ella y su esposo vendieron la casa en las montañas
La pareja todavía busca el sitio que mejor se adapte a sus necesidades. Por ahora, divide su tiempo entre el norte de Italia y el norte de Nuevo México, mientras deja atrás lo que Snyder definió como “un paraíso de montaña que en realidad no era un paraíso para mí”