Detrás de la barra de FOMO, en Vicente López, Tomás Lavanini prepara cafés como cualquier barista. La escena sorprende a quienes reconocen al segunda línea de Los Pumas, de 2,01 metros y 127 kilos, atendiendo personalmente a los clientes

El rugby profesional todavía ocupa buena parte de su vida. En agosto volvió a vestir la camiseta de Los Pumas frente a Sudáfrica, después de dos años de ausencia, y mantiene el objetivo de disputar su cuarto Mundial, previsto para el año próximo en Australia

Además, tras seis temporadas en Francia, aceptó continuar una temporada más en Highlanders, de Nueva Zelanda. En las próximas semanas deberá regresar a ese país, a 16 horas de diferencia de Buenos Aires, mientras sigue de cerca el funcionamiento de su cafetería

Un llamado mientras preparaba café

El regreso al seleccionado tuvo un componente inesperado: Lavanini recibió el llamado de Felipe Contepomi mientras trabajaba en FOMO. Tenía una taza en la mano y no pudo atender el primer intento. Luego devolvió la llamada y aceptó la propuesta

Entre agosto de 2025 y enero de 2026, durante el período en que no integró Los Pumas, se dedicó de lleno al proyecto gastronómico. Ese descanso le permitió recuperar energías y avanzar con una idea que había comenzado varios años antes

Su interés por la cocina siempre estuvo presente. Delfina, su esposa, destaca que Lavanini suele cocinar y recibir invitados. La pareja tiene dos hijos: Vicente, de seis años, y Greta, de tres, nacida pocos días antes del Mundial de Francia 2023

La idea que nació en el extranjero

El gusto por el café apareció durante su etapa en Leicester, Inglaterra. Allí comenzó a interesarse por las máquinas y, en 2019, compró una cafetera pequeña. Más tarde, durante su paso por Clermont y Lyon, imaginó abrir un local junto con Delfina, aunque el ritmo del rugby y la vida familiar hicieron que el plan quedara pendiente

En 2024 retomó la iniciativa con un amigo, pero el proyecto no prosperó. Al año siguiente decidió avanzar junto con Delfina y convocó a Ramiro Herrera, exjugador de Los Pumas y actual integrante de Hindú, el club en el que ambos se formaron. También se sumó Germán, amigo de Herrera nacido en Comodoro Rivadavia

El proyecto tomó forma en marzo de 2025. Un amigo arquitecto se ocupó del diseño y Lavanini siguió la búsqueda del lugar incluso desde Francia. Para conocer el movimiento de la zona, le pedía al padre de Delfina que recorriera en moto los locales disponibles

FOMO, una identidad en construcción

El nombre elegido fue FOMO, sigla en inglés de “fear of missing out”, una expresión vinculada con el temor a quedar afuera de aquello que está sucediendo. Al principio, la denominación no convencía a todos los socios, pero con el tiempo se transformó en parte central de la identidad del café

La obra se extendió entre marzo y octubre. El local abrió en noviembre del año pasado y, desde entonces, consolidó su presencia en la zona norte, cerca del río. Actualmente trabajan allí 18 personas

La propuesta combina café de especialidad con platos sencillos, entre ellos wrap de pollo, ensalada César y milanesa de bife de chorizo con fideos. El espacio funciona todos los días, de 8 a 20, y cuenta con una amplia terraza

El lugar también fue pensado para recibir familias. Los hijos de Lavanini suelen acompañarlo los fines de semana y encuentran allí un espacio para jugar mientras su padre trabaja

Un futuro después del rugby

FOMO representa para Lavanini una respuesta a la pregunta sobre qué hacer después del rugby. Durante los meses en que estuvo alejado de la competencia, concentrarse en el café le permitió evitar la sensación de vacío que suele acompañar a los deportistas cuando se detienen

A pesar de la distancia, continúa pendiente de la actividad diaria del negocio. Desde Nueva Zelanda recibe reportes de la encargada y sigue las novedades apenas comienza su día

Su intención es regresar a Hindú cuando termine su carrera profesional. Incluso contempla jugar allí una o dos temporadas si su estado físico se lo permite. Mientras tanto, el rugby y FOMO conviven en una misma rutina: uno lo lleva lejos de casa; el otro lo mantiene conectado con su familia, sus amigos y la vida que imagina para después