Karl Bushby está a unos 50 kilómetros de Hull, su ciudad natal, después de casi tres décadas de marcha. A sus 57 años, empuja un carro con equipo de campamento por una carretera del norte de Inglaterra mientras se prepara para completar una travesía iniciada el 1 de noviembre de 1998
Desde entonces, recorrió aproximadamente 50.000 kilómetros a través de cuatro continentes y 30 países. Atravesó selvas, desiertos y tundras, cruzó zonas de hielo inestable y llegó a desplazarse por el agua en el estrecho de Bering, el mar Caspio y el canal de la Mancha
Una ruta definida por dos reglas
Bushby emprendió el viaje después de que su padre le contara una discusión sobre la posibilidad de caminar entre Londres y Nueva York a través del estrecho de Bering. En lugar de dirigirse a Estados Unidos, trazó una línea continua hasta el extremo sur de Chile y decidió regresar a pie
La expedición tenía dos condiciones: no podía utilizar medios de transporte para avanzar y debía completar el regreso caminando. Esas reglas transformaron un plan previsto para 12 años en una aventura de 28
El trayecto comenzó con apenas 500 dólares y pronto incluyó vientos huracanados en la estepa patagónica, el cruce del Darién y una detención de 18 días en Panamá por atravesar una zona fronteriza restringida
Fronteras, clima y desvíos
En 2006, durante un cruce de 56 millas del estrecho de Bering, Bushby y el aventurero Dimitry Kieffer fueron evacuados después de caer en aguas heladas. Más tarde quedaron detenidos y enfrentaron una posible deportación por entrar ilegalmente en Rusia
Las visas y las condiciones meteorológicas hicieron que el paso por Rusia se extendiera durante casi diez años. Cuando le negaron la entrada en 2012, Bushby caminó desde Los Ángeles hasta la embajada rusa en Washington para reclamar la documentación necesaria
La pandemia también retrasó el recorrido. Los problemas geopolíticos cerraron las rutas por Rusia e Irán y lo obligaron a pasar 31 días en el mar Caspio. Como no es un buen nadador, utilizó un chaleco de flotación y un traje de neopreno mientras avanzaba con una técnica que bautizó “floatimming”
En Europa, los límites de permanencia de 90 días lo obligaron a organizar el viaje en tramos de tres meses. En distintos momentos también fue seguido por la policía en China y tuvo que esperar en Estados Unidos o México hasta poder retomar el camino
El costo de llegar a casa
La vida itinerante tuvo consecuencias personales. Bushby tiene un hijo de un matrimonio anterior y reconoce que su hijo creció en gran parte sin él. Además, no ve a su madre desde hace una década, aunque ahora se prepara para reencontrarse con ella en Hull
El viaje fue sostenido por distintos patrocinadores y por la ayuda de personas que lo recibieron en lugares muy humildes. Algunas familias le ofrecieron comida y refugio; una familia de médicos peruanos lo ayudó a recuperarse de una infección estomacal
En los últimos días, los conductores que lo encuentran en las carreteras de Yorkshire tocan la bocina y los motociclistas se detienen para fotografiarse con él. La atención pública contrasta con los largos períodos de soledad que marcaron la expedición
Bushby admite que no sabe cómo será su vida después de cruzar la meta. Tras miles de pasos diarios, el desafío ya no será avanzar, sino adaptarse a una rutina que dejó atrás hace casi media vida