María Carmen Abascal, conocida como Maricarmen, murió este miércoles 7 de octubre en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. Tenía 87 años y había vivido durante más de siete décadas en el mismo departamento, hasta que fue desalojada por una orden judicial el 23 de septiembre

La imagen de la mujer abandonando su hogar en una camilla convirtió su historia en uno de los casos más visibles de la crisis habitacional. Su fallecimiento ocurrió después de que se acordara su regreso al departamento, aunque ese retorno finalmente no llegó a concretarse

Maricarmen no había dejado de pagar el alquiler. El conflicto surgió cuando no pudo afrontar el aumento exigido y continuó abonando el monto que podía cubrir con su jubilación

Su caso expone una pregunta que también adquiere importancia en la Argentina: ¿qué sucede cuando una persona llega a la vejez como inquilina y debe seguir pagando una vivienda con ingresos que ya no pueden crecer al mismo ritmo?

Más adultos mayores dependen del alquiler

La situación habitacional que una persona atraviesa durante la vejez no se define únicamente en esa etapa. Se construye a lo largo de décadas, a partir de la trayectoria laboral, la estabilidad de los ingresos, la capacidad de ahorro, el acceso al crédito, los cambios familiares, las herencias y las crisis económicas

En la ciudad de Buenos Aires, había 53.453 hogares inquilinos integrados por personas de 65 años o más en 2022. En 2001, eran 29.949. En poco más de veinte años, la proporción de hogares de adultos mayores que alquilan pasó del 10,2% al 14,7%

Durante el mismo período, el porcentaje de propietarios dentro de ese grupo descendió del 82,4% al 76,2%. Además, el 56,5% de los hogares mayores que alquilan está compuesto por una sola persona y otro 15,1% corresponde únicamente a parejas

En conjunto, más de siete de cada diez hogares de adultos mayores inquilinos no cuentan con otros integrantes que puedan colaborar directamente con los gastos de la vivienda

El fenómeno también se extiende más allá de la Capital. En los aglomerados urbanos de la Argentina, unas 359.754 personas de 60 años o más viven actualmente en viviendas alquiladas

El alquiler dejó de ser una etapa breve

Durante mucho tiempo, alquilar fue considerado un paso previo a la compra de una vivienda. La expectativa era dejar la casa familiar, alquilar durante algunos años, ahorrar con el avance de la vida laboral y acceder luego a una propiedad

Ese recorrido se volvió cada vez más difícil. En Buenos Aires, cerca de seis de cada diez jefes de hogar de entre 25 y 29 años eran inquilinos en 2025. El alquiler seguía siendo predominante durante los 30 años y la proporción de propietarios e inquilinos recién se acercaba al equilibrio entre los 40 y 44 años

En 2005, esa transición ocurría aproximadamente una década antes. El cambio plantea una preocupación hacia el futuro: quienes permanecen más tiempo en el mercado de alquiler tienen menos años para comprar una vivienda antes de jubilarse

Las generaciones que hoy atraviesan sus 30, 40 e incluso 50 años registran una presencia del alquiler mayor que la de sus antecesoras. Para algunos hogares, alquilar durante más tiempo puede ser una decisión compatible con el ahorro. Para otros, implica destinar cada vez más recursos a sostener la vivienda y alejarse de la posibilidad de reunir el dinero necesario para comprar

El crédito y la informalidad profundizan la brecha

España también enfrenta dificultades para garantizar el acceso a la vivienda, pero mantiene un sistema hipotecario con funcionamiento regular. En la Argentina, décadas de inflación, devaluaciones y períodos con escaso crédito de largo plazo debilitaron el vínculo entre los ingresos mensuales y la posibilidad de comprar

La informalidad laboral agrega otro obstáculo. Puede impedir que una persona demuestre ingresos suficientes para obtener un préstamo y, con el paso del tiempo, también derivar en menores ingresos previsionales

El problema se acumula: menor capacidad de ahorro, dificultades para acceder al crédito, menos posibilidades de comprar y, finalmente, la obligación de continuar pagando un alquiler durante la jubilación

El costo de alquilar consume una parte creciente de los ingresos

En 2026, el alquiler de un departamento de dos ambientes en la ciudad de Buenos Aires representaba cerca del 38,1% de un salario medio. Para un trabajador formal registrado, el esfuerzo rondaba el 26%, mientras que para un trabajador informal podía superar la mitad de sus ingresos

El ingreso a una vivienda también exige reunir una suma importante antes de pagar el primer mes. Entre depósito, adelanto, garantía y otros gastos, un hogar podía necesitar entre $3.000.000 y $3.500.000 para alquilar un departamento de dos ambientes. Ese monto equivalía a entre 1,6 y 1,8 ingresos familiares promedio de un hogar inquilino

Al mismo tiempo, aumentó el uso de recursos extraordinarios para cubrir los gastos. Entre los inquilinos porteños, quienes recurrieron a ahorros, préstamos bancarios, ayuda familiar o una combinación de esas alternativas pasaron del 43% en 2022 al 69,7% en 2025

El dato tiene consecuencias a largo plazo: el dinero utilizado para llegar a fin de mes es también el que podría haberse destinado a comprar una vivienda, afrontar una emergencia o sostener la vejez

La historia de Maricarmen puso en evidencia una problemática que excede su caso: llegar a la vejez sin tener asegurado el lugar donde vivir. En la Argentina, los adultos mayores que alquilan ya son cientos de miles y detrás de ellos avanzan generaciones para las que convertirse en propietarias ocurre cada vez más tarde o puede no ocurrir

Por eso, la discusión no se limita al precio actual de los alquileres. También alcanza a lo que sucederá dentro de 20 o 30 años con quienes hoy, a los 30, 40 o 50, todavía dependen del mercado de alquiler para tener un techo