Una vez por semana, Jake Hutzler deja el auto en casa y se dirige a trabajar volando. El controlador aéreo de 28 años utiliza un paramotor, un equipo de parapente motorizado, para llegar al aeropuerto de Pueblo, Colorado
Antes de despegar, extiende el ala sobre la calle frente a su departamento, enciende el motor y comienza a correr. En pocos segundos, sus pies dejan el suelo
El trayecto dura unos 20 minutos y se realiza a una velocidad aproximada de 35 millas por hora, equivalentes a 56 kilómetros por hora. Durante el vuelo, sobrevuela campos, una autopista y una torre de agua mientras escucha música
Como su pequeño vehículo no aparece en el radar, Hutzler avisa previamente a la torre que está en camino. Ya en el aire, informa su ubicación y altura hasta recibir autorización para aterrizar en la plataforma del aeropuerto
Al llegar, reduce la velocidad accionando los controles del paramotor, deja caer los pies y toca tierra con una breve carrera. Después guarda el equipo, se quita la chaqueta y comienza su jornada indicando a los aviones cuándo pueden despegar o aterrizar
Una pasión que comenzó en la infancia
Hutzler se interesó por la aviación desde niño, cuando su abuelo lo llevaba a volar en una aeronave pequeña de cuatro plazas. Durante la universidad acumuló unas 20 horas de entrenamiento para obtener una licencia de piloto, pero abandonó el proceso por el costo
Su interés cambió de rumbo después de ver un video viral de una persona que volaba en paramotor hasta un restaurante de comida rápida y regresaba con su hamburguesa durante el vuelo
Comenzó a entrenarse en Florida en 2021 y luego se convirtió en instructor. Una de las características que más valora de esta actividad es su accesibilidad: no exige licencia y cuesta mucho menos que otras formas de aviación
De todos modos, los paramotores están sujetos a normas federales para vehículos ultraligeros. Solo pueden utilizarse durante el día y deben mantenerse alejados de ciudades y zonas pobladas
Un vuelo compartido por toda la familia
La actividad también marcó la vida personal de Hutzler. Él mismo entrenó a la mujer con la que después se casó. Para pedirle matrimonio, simuló una falla en el motor y la llevó hasta el paramotor, donde había escondido un anillo
En su boda, ambos equipos estuvieron junto al altar. Ahora espera que su hija, de dos años y medio, tenga la edad suficiente para realizar un vuelo en tándem
Un viaje condicionado por el tiempo
Hutzler comenzó a trabajar en control aéreo a principios de este año. Como el nuevo empleo le dejaba menos tiempo para volar, propuso utilizar el paramotor para trasladarse al trabajo
Junto con su supervisor, revisó las normas y se aseguró de contar con comunicación en ambos sentidos con la torre al ingresar en su espacio aéreo. Realizó su primer vuelo laboral en junio y desde entonces repite la experiencia cuando las condiciones lo permiten
El viento puede cancelar el viaje. Una corriente de apenas 10 millas por hora, unos 16 kilómetros por hora, es suficiente para dejarlo en tierra. Además, el calentamiento del suelo puede generar corrientes ascendentes y hacer que el vuelo sea muy inestable
El traslado tampoco es más rápido que conducir. El armado del paramotor y el guardado del equipo hacen que el recorrido total demore un poco más. Para Hutzler, sin embargo, la experiencia compensa la diferencia: puede escuchar su música favorita y disfrutar de la sensación de libertad durante todo el trayecto