Durante años, Clark Rockefeller pareció pertenecer a una familia poderosa y millonaria de Estados Unidos. Vivía rodeado de personas influyentes, hablaba varios idiomas y aseguraba tener vínculos con una de las dinastías más conocidas del país
Pero ese hombre no existía. Detrás del personaje se encontraba Christian Karl Gerhartsreiter, un alemán que construyó una sucesión de identidades falsas hasta terminar condenado por secuestrar a su hija y asesinar a un hombre desaparecido durante décadas
El secuestro que reveló la mentira
En 2008, Gerhartsreiter estaba divorciado de Sandra Boss, la madre de su hija de siete años, conocida como Snooks. La niña vivía con su madre y él solo podía verla tres veces al año, siempre bajo supervisión
Boss planeaba mudarse con la menor a Londres. Durante una visita supervisada, Clark distrajo a la trabajadora social, la empujó al suelo y subió a Snooks a una camioneta negra. El vehículo escapó de inmediato
La búsqueda se extendió durante casi seis días. Las autoridades intentaban localizar al padre y a la niña, pero se encontraron con una dificultad inesperada: Clark Rockefeller no figuraba como una persona real
De un pueblo bávaro a Estados Unidos
Gerhartsreiter nació en Bergen, al pie de los Alpes bávaros y cerca de la frontera con Austria. Su padre pintaba casas y hacía trabajos artísticos; su madre era costurera. Tenía un hermano menor llamado Alexander
A los 17 años, en 1978, dejó Alemania decidido a buscar fama y fortuna. Durante un viaje en tren conoció a una familia estadounidense que lo invitó a visitarla. Después se alojó con los Savio, quienes creían que era un estudiante de intercambio
Se hacía llamar Christopher Gerharts Reiter, practicaba inglés de manera constante y dormía en el sillón de la casa. La familia le preparaba el desayuno y le lavaba la ropa, pero la convivencia terminó cuando se negó a abrirle la puerta a la hija menor de sus anfitriones
Más tarde ingresó a la Universidad de Wisconsin. Como todavía no era ciudadano estadounidense, les dijo a sus conocidos que se casaría para obtener la residencia. Contrajo matrimonio y se divorció poco después
Christopher Chichester y la vida entre herederas
Ya instalado en California, adoptó el nombre de Christopher Chichester y se estableció en San Marino, una de las ciudades más costosas del país. Se acercó a clubes, iglesias y bibliotecas frecuentados por la elite local
Decía ser descendiente de Lord Mountbatten y también afirmaba tener parentesco con el navegante Sir Francis Chichester. Su forma de vestir, sus modales y sus relatos convincentes hicieron que muchas personas aceptaran esas historias sin comprobarlas
Se convirtió en miembro del Rotary Club y consiguió un programa de televisión de acceso público, desde el que entrevistaba a figuras de la comunidad. Su posición social crecía mientras perfeccionaba el personaje
La desaparición de John y Linda Sohus
Chichester se mudó a la casa de Ruth Sohus, una mujer adinerada que vivía sola. No pagaba alquiler: se ocupaba de hacerle compañía y resolver distintos asuntos de la propiedad
La situación cambió en 1983, cuando John Sohus, hijo de Ruth, y su esposa Linda se instalaron allí. Dos años después, la pareja anunció que había conseguido trabajo en un programa gubernamental relacionado con satélites en Nueva York
John y Linda se fueron y dejaron de comunicarse. Ruth explicó a los familiares que ambos estaban cumpliendo una misión secreta y que no podían brindar detalles. Solo recibió un par de postales enviadas desde Francia
Con el tiempo, Chichester también desapareció. Ruth avisó a la policía y señaló que él era la única persona que sabía cómo contactar a la pareja
En 1994, los nuevos dueños de la propiedad comenzaron a excavar para construir una pileta. Encontraron huesos, una camisa y un pantalón de jean que pertenecían a John Sohus. Linda nunca fue localizada
Las autoridades descubrieron entonces que Christopher Chichester era, en realidad, Gerhartsreiter. Sin embargo, ya había escapado en la camioneta de la pareja
Un productor de cine con otra identidad
En Connecticut comenzó a presentarse como Christopher Crowe y aseguró que era productor cinematográfico. El nombre incluso apareció en los créditos de algunas películas, lo que le permitió sostener la farsa durante un tiempo
Intentó vender la camioneta de los Sohus, pero el comprador reconoció el vehículo cuando vio una imagen difundida por la policía. Gerhartsreiter volvió a huir y llegó a Nueva York
Consiguió trabajo en una compañía importante, aunque debió marcharse cuando una revisión de su número de seguridad social lo vinculó con el nombre de David Berkowitz, el asesino serial conocido como “el hijo de Sam”
Después de un período del que se conoce poco, apareció nuevamente con su identidad más elaborada: Clark Rockefeller
El falso miembro de una dinastía
Para 1992 vivía en Manhattan y se movía con comodidad entre personas adineradas. Daba a entender que pertenecía a una rama menos famosa, pero igualmente rica, de la familia Rockefeller
Usaba una radio que, según explicaba, lo comunicaba con una central de seguridad. También afirmaba trabajar en la solución de la deuda del Tercer Mundo y exhibía obras que atribuía a una herencia familiar
En una fiesta organizada en una iglesia conoció a Sandra Boss, una profesional formada en Stanford y Harvard. Ella quedó fascinada por sus conocimientos, sus idiomas y sus modales
La pareja celebró una ceremonia cuáquera sin licencia ni certificado matrimonial válido. Clark explicó que los demás Rockefeller no habían podido asistir por distintos imprevistos. También repitió que sus padres habían muerto cuando él era adolescente
El círculo social de ambos creció, pero nadie sabía que Clark no contribuía económicamente al patrimonio familiar. Los ingresos provenían del trabajo de Sandra
La ruptura y la identidad descubierta
En el año 2000, después de un incidente con la policía en Central Park, Clark propuso mudarse a New Hampshire. Sandra estaba embarazada y poco después nació su hija, Reigh Storrow Mills Rockefeller, a quien llamaban Snooks
Él se presentaba como científico y dueño de una empresa de motores a reacción. También insistía en que la niña llevara el apellido Boss, con el argumento de evitar una discriminación inversa
Con el tiempo, Sandra observó que su esposo se volvía más controlador y reservado. Administraba las finanzas, instalaba nuevas líneas telefónicas y presionaba para cambiar de vivienda con frecuencia. También tenían diferencias sobre la crianza de la niña
Durante un viaje de trabajo, Sandra le envió los documentos de divorcio. Sin sus ingresos, Clark tuvo que vender automóviles y obras de arte. Aseguraba que ella solo quería quedarse con su dinero y que se había casado con él por ser un Rockefeller
La falsedad comenzó a quedar expuesta cuando el padre de Sandra comprobó que Ann Carter, la supuesta madre fallecida de Clark, seguía viva. Una investigación privada tampoco pudo encontrar registros confiables sobre su matrimonio o su familia
Sandra obtuvo la custodia legal de Snooks y autorización para mudarse a Londres. Clark recibió permiso para verla tres veces al año bajo supervisión y aceptó 800.000 dólares y algunos bienes en el acuerdo de divorcio
El arresto tras el secuestro
El 27 de julio de 2008, las autoridades recibieron el aviso de que un hombre que se hacía llamar Rockefeller había llevado a su hija. Para escapar, había contratado a un chofer y le hizo creer que trasladaría a la niña a un almuerzo con el hijo de un senador
Después se trasladó a Baltimore, donde asumió el nombre de Chip Smith y se presentó como el capitán de un barco. A la niña la llamaba Muffy
Una agente inmobiliaria que le había vendido una propiedad reconoció su imagen en las noticias y avisó a la policía. Los investigadores confirmaron que Snooks estaba dentro de la vivienda y diseñaron una maniobra para hacerlo salir
El administrador del puerto le comunicó que su barco se estaba hundiendo. Cuando salió a comprobarlo, veinte agentes lo redujeron y arrestaron. Otros policías rescataron a la niña, que se encontraba a salvo
Gerhartsreiter no tenía documentos ni un número de seguridad social a su nombre. Los investigadores lograron identificarlo mediante huellas dactilares obtenidas de una copa de vino en la casa de un conocido. Esa prueba permitió vincularlo con sus identidades anteriores y con los restos hallados en la casa de los Sohus
Dos condenas y el final del personaje
En 2009 fue condenado por el secuestro a una pena de entre cuatro y cinco años de prisión. La defensa había alegado que sufría delirios y trastornos mentales
Mientras cumplía la condena, continuó la investigación por la muerte de John Sohus. A comienzos de 2013 fue juzgado por asesinato. La fiscalía sostuvo que lo había matado en 1985 para conservar el control sobre su madre
Gerhartsreiter se declaró inocente, se definió como pacifista y cuáquero, y responsabilizó a Linda Sohus, cuyo paradero continúa sin conocerse. El jurado lo declaró culpable de asesinato en primer grado y recibió una pena de 27 años de prisión
Su historia estuvo marcada por personajes inventados, apellidos falsos y escenarios cuidadosamente construidos. Durante casi tres décadas consiguió convencer a quienes lo rodeaban de que era alguien importante
Finalmente, la identidad que había creado para vivir entre millonarios terminó revelando al hombre que había intentado ocultar