Una decisión tomada hace más de cuatro décadas transformó el equilibrio de uno de los ecosistemas más singulares de Canarias. El muflón, introducido en Tenerife con fines cinegéticos, ahora es considerado una especie exótica invasora
La llegada de estos animales se produjo alrededor de 1970. Un año después, 11 ejemplares fueron liberados en el Parque Nacional del Teide, donde encontraron condiciones favorables para sobrevivir y reproducirse
Presión sobre la flora endémica del Teide
Con el paso del tiempo, la población creció en un ambiente sin depredadores naturales capaces de limitar su expansión. Su alimentación comenzó a afectar a la vegetación de las cumbres y a ejercer presión sobre especies propias de la isla
El impacto resulta especialmente delicado en el parque, que alberga plantas endémicas de Canarias y otras exclusivas de Tenerife. Entre ellas se encuentra la violeta del Teide, una especie amenazada cuya regeneración puede verse dificultada por el consumo constante de los muflones
La presencia de estos animales también provoca pisoteo. Ese desplazamiento puede deteriorar el suelo y favorecer procesos erosivos en distintas áreas del entorno natural
Por su impacto, el muflón fue incorporado al Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. A partir de entonces, las autoridades comenzaron a aplicar medidas destinadas a controlar su población y proteger la flora del parque
Un herbívoro adaptado a las cumbres
El muflón es un mamífero perteneciente a la familia de los bóvidos. Los machos pueden pesar entre 50 y 55 kilos y tienen grandes cuernos curvados hacia atrás. Las hembras son más pequeñas y, por lo general, no presentan cuernos
Su historia en Tenerife muestra cómo una especie trasladada por el ser humano puede terminar desempeñando un papel opuesto al previsto. Lo que comenzó como una iniciativa vinculada a la caza derivó en programas de control para preservar una flora desarrollada durante miles de años en el aislamiento de la isla