La cárcel de Villa Devoto, inaugurada en 1927, quedó ligada a una de las frases más conocidas del fútbol argentino: “la gloria o Devoto”. La expresión resume dos desenlaces posibles ante un desafío extremo: alcanzar el triunfo o terminar en una catástrofe
Su origen se remonta al 22 de octubre de 1969, durante la revancha de la Copa Intercontinental entre Estudiantes de La Plata y Milan. El equipo italiano había ganado 3 a 0 en el partido de ida, por lo que el conjunto argentino necesitaba imponerse por esa diferencia o más para quedarse con el título
Una revancha marcada por la violencia
En un contexto de crisis para el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, los jugadores de Estudiantes aseguraron que habían recibido una exigente advertencia antes del encuentro: debían “ganar o morir”. El partido, disputado en la Bombonera, rápidamente se convirtió en una sucesión de agresiones
Estudiantes ganó 2 a 1, pero no logró revertir la serie. El resultado deportivo quedó relegado por la violencia protagonizada por varios futbolistas del equipo argentino
Ramón Aguirre Suárez golpeó con el codo a Néstor Combín y le provocó una lesión en la nariz. Eduardo Luján Manera agredió al mediocampista Gianni Rivera, mientras que el arquero Alberto Poletti intentó atacar a Giovanni Lodetti
Tres futbolistas, detenidos en Devoto
Los tres jugadores de Estudiantes fueron expulsados y enviados a prisión en aplicación de un edicto vigente durante aquella época. La norma permitía detener durante 30 días a los futbolistas expulsados por agresiones o acciones consideradas excesivamente violentas
Poletti recordó que los alojaron en un pabellón del entrepiso de la cárcel de Devoto, aislados del resto de los detenidos. Allí permanecieron en dos celdas y con acceso a un baño, bajo una orden presidencial
Además del encarcelamiento, la Asociación del Fútbol Argentino impuso sanciones severas. Poletti fue expulsado de por vida; Aguirre Suárez recibió 30 partidos de suspensión y cinco años de inhabilitación para encuentros internacionales; y Manera fue sancionado con 20 partidos y tres años sin disputar competencias internacionales
Con el tiempo, esas penas deportivas fueron levantadas. La condena de 30 días de prisión, en cambio, se cumplió por completo
La frase que quedó asociada a Bilardo
Carlos Salvador Bilardo, compañero de los futbolistas sancionados, viajó de inmediato a Devoto al enterarse de las detenciones y volvió a visitarlos durante el mes que permanecieron presos. También intentó interceder ante Onganía, aunque no logró hablar con él
Años después, Bilardo dirigió a Estudiantes y conquistó el campeonato nacional de 1982. Como entrenador de la Selección argentina, alcanzó la consagración máxima al ganar el Mundial de México 1986
El propio Bilardo incorporó “la gloria o Devoto” a su particular manera de entender el fútbol y la vida. “En este país, no tenés alternativa: la gloria o Devoto”, repetía al explicar que los grandes desafíos solo dejaban dos caminos