En 1910, la familia Pereyra Iraola planeó un extenso viaje por Europa y luego el regreso a Estados Unidos a bordo de un gran transatlántico. Diez familiares, entre ellos varios niños, viajarían desde Southampton hasta Nueva York junto con un automóvil de lujo

El barco elegido era el Titanic. Sin embargo, un embarazo avanzado modificó los planes y la familia decidió no embarcar. La decisión evitó que sus integrantes y el vehículo quedaran atrapados en el naufragio ocurrido entre el 14 y el 15 de abril de 1912

El automóvil era un Rolls-Royce Silver Ghost 40/50 HP, una pieza que todavía pertenece a la familia y que actualmente se exhibe en Autoclásica, en el Hipódromo de San Isidro

Un viaje europeo en tiempos del automóvil pionero

La travesía había comenzado durante el año del centenario de la Revolución de Mayo. Laura Pereyra Iraola viajó junto con sus hermanos Leonardo y Sara, su cuñada María Teresa Lamarca, seis sobrinos y un sacerdote

El recorrido combinaba intereses culturales, negocios y exploración tecnológica. El grupo visitó distintas ciudades de Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, los Países Bajos, Bélgica, Suiza y Escocia

El Rolls-Royce había sido encargado antes de la partida y estuvo listo cuando la familia llegó a Europa. Su motor de seis cilindros en línea, la caja manual de tres velocidades y sus 7428 centímetros cúbicos le permitieron trasladar al grupo por caminos muy diferentes de los actuales

El itinerario familiar quedó registrado en cientos de fotografías. Hay imágenes del vehículo en Londres, Bruselas, Edimburgo, Viena, Venecia, Roma, Florencia, Milán, Monza, Siena, Hamburgo y los Alpes

Entre las escenas más llamativas aparecen el auto frente al Coliseo romano y estacionado en la Plaza San Pedro, en el Vaticano. Durante el viaje, la familia se alojó en hoteles reconocidos y en algunas ocasiones fue recibida por integrantes de la nobleza británica

La elección de Laura Pereyra Iraola

Laura fue quien gestionó la compra del automóvil. La elección de un Rolls-Royce respondía a la reputación que la marca había construido desde su fundación, en 1904, por Charles Rolls y Henry Royce

El Silver Ghost se destacaba por la precisión de fabricación, la confiabilidad, la reducción de las vibraciones y el cuidado puesto en disminuir el ruido. También ofrecía una suspensión adecuada para viajes prolongados por caminos de tierra o de macadam

Como era habitual en los vehículos de alta gama de la época, la empresa entregaba el motor y el chasis, mientras que la carrocería se encargaba a un taller especializado

Laura eligió a la firma francesa Rothschild y optó por un diseño conocido como open-drive limousine. Los pasajeros viajaban protegidos dentro del habitáculo, mientras que el conductor quedaba parcialmente expuesto

Una familia ligada a la innovación

La compra del Rolls-Royce formaba parte de una tradición familiar vinculada con la modernización y el desarrollo agropecuario. Desde mediados del siglo XVIII, los Pereyra Iraola habían construido su patrimonio alrededor de la actividad rural

Décadas antes, los abuelos de Laura habían viajado de París a Moscú para conocer los avances de la Revolución Industrial. De aquellas expediciones obtuvieron contactos, conocimientos y nuevas ideas para incorporar genética europea a la ganadería argentina

El viaje de 1910 se produjo en una época de gran entusiasmo por la tecnología. El tren era el principal medio para cubrir largas distancias y los automóviles todavía eran objetos excepcionales, utilizados sobre todo para trayectos cercanos y excursiones

El embarazo que cambió el destino

Después de dos años de recorridos llegó el momento de emprender una nueva etapa. La familia tenía previsto abordar el Titanic, pero María Teresa Lamarca estaba embarazada de ocho meses

Debido a experiencias complejas relacionadas con la maternidad, consideró que no era conveniente realizar una larga travesía marítima. La familia decidió entonces postergar el regreso y no subió al barco

El niño nació en París y recibió el apodo de “El Francesito”. Para los descendientes de la familia, aquella decisión preservó la vida de los diez viajeros y también la del Rolls-Royce, que tenía apenas dos años

De la residencia familiar a la actualidad

El regreso a Buenos Aires se concretó en diciembre de 1912. El vehículo fue llevado a la residencia familiar de Esmeralda 1212, en Recoleta, un edificio que actualmente funciona como sede del Ministerio de Relaciones Exteriores

Durante las décadas siguientes, el automóvil fue utilizado para asistir a eventos sociales, funciones en el Teatro Colón y visitas a las estancias de la familia. Durante varios años permaneció en Abril, una propiedad de 300 hectáreas ubicada en el actual partido de Berazategui

En la década de 1990, poco antes del efecto Tequila, el Silver Ghost quedó en Ayacucho bajo el cuidado de Luis Pereyra Iraola. Allí se mantuvo en buenas condiciones hasta su fallecimiento, en diciembre de 2025

A pesar del interés de coleccionistas extranjeros y de un intento de la propia Rolls-Royce por repatriarlo, la familia rechazó siempre las ofertas. El automóvil continuó en manos de los Pereyra Iraola y nunca dejó de funcionar

Más de un siglo después de aquel viaje, el Silver Ghost conserva sus principales rasgos y permanece ligado a la historia familiar que lo llevó por Europa. Ahora, por primera vez en décadas, puede ser visto por el público en Autoclásica