Más de 800 personas asistieron al encuentro que Emmanuel Carrère mantuvo con Leila Guerriero en el salón de actos de la Facultad de Derecho de Buenos Aires. La conversación, titulada Emmanuel Carrère en primera persona, formó parte de la 18ª edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires

El escritor francés fue recibido con una ovación. En respuesta, tomó su celular y filmó al público, en una escena que reflejó la expectativa generada por su visita a la ciudad

Una literatura atravesada por la duda

Guerriero definió la prosa de Carrère como contagiosa y cargada de una intensa curiosidad por el mundo. También destacó la tensión que atraviesa su obra: el deseo de acercarse a otras personas para comprenderlas y, al mismo tiempo, la desconfianza hacia sus propias interpretaciones

Carrère reconoció esa actitud y explicó que prefiere observar los hechos concretos antes que imponer opiniones o análisis sobre ellos. Para el autor, existen cronistas interesados en editorializar y otros que se concentran en mirar a las personas y las circunstancias. Él, dijo, se identifica con este último grupo

Ese principio aparece con especial fuerza en El adversario, libro en el que reconstruyó la historia de Jean-Claude Romand. Durante años, Romand fingió ser médico hasta que su mentira quedó expuesta y asesinó a su esposa, a sus padres y a sus hijos

Carrère se comunicó con él mientras estaba preso y mantuvo varias conversaciones. Al recordar aquella experiencia, admitió que en una carta utilizó una formulación que podía presentar a Romand como víctima de una tragedia, en lugar de subrayar sus actos

El escritor contó que durante la elaboración del libro se preguntaba por qué estaba contando esa historia y qué pensarían sus hijos de él. Con el tiempo comprendió que los lectores no se identificaban con el crimen, sino con la posibilidad de sostener una mentira para preservar las apariencias hasta quedar atrapados en ella

“No me pongo en el lugar de los personajes, intento comprenderlos”, explicó. Según su mirada, su interés no está en el mal como espectáculo, sino en construir retratos humanos complejos

Personajes que contienen una época

La misma búsqueda aparece en Limónov, el libro dedicado al escritor y disidente ruso Eduard Limónov. La figura del protagonista, presentada como excesiva y casi inverosímil, permite reconstruir también un siglo marcado por la caída del comunismo, las ruinas ideológicas, la violencia y la incertidumbre

En De vidas ajenas, publicado en 2011, Carrère abordó experiencias extremas como el tsunami de 2004 y las enfermedades terminales. Considera que es su libro “menos neurótico” porque sus protagonistas le pidieron que lo escribiera

Sin embargo, la obra también expone sus propias contradicciones. Entre ellas, recordó los celos que sintió cuando su esposa acompañó durante un día a un padre que había perdido a su hija de tres años en el tsunami de Tailandia

La memoria familiar como territorio de riesgo

La conversación avanzó luego hacia Una novela rusa, un libro vinculado con una historia familiar que durante años permaneció en silencio. El relato gira alrededor de su abuelo materno, acusado de colaborar con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y desaparecido al terminar el conflicto

La madre de Carrère, la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, no quería que el tema fuera escrito. El autor decidió hacerlo aun sabiendo que podía lastimarla. Las consecuencias personales fueron difíciles, pero esa escritura, según contó, lo ayudó a salir de una depresión y de un período de bloqueo creativo

Carrère admitió que en el libro trató con dureza a su madre y a su pareja de entonces. Aun así, con el tiempo, su madre aceptó la publicación y llegó a considerar que había sido una buena decisión escribirlo

Para el autor, esa experiencia resume parte de su método: avanzar sobre aquello que otros prefieren callar, no para condenar ni absolver, sino para intentar entender

Duelo, historia y una nueva etapa

Su libro más reciente, Koljóz, fue escrito después de la muerte de su madre. La obra cuenta la historia de Hélène y de su familia, pero también recorre buena parte del siglo XX

Hija de emigrados georgianos y rusos, la madre del escritor atravesó las consecuencias de la Revolución antes de convertirse en historiadora. Por eso, el libro combina intimidad y memoria histórica a través de temas como el exilio de la aristocracia rusa, la neurosis, los amores frustrados y los vínculos entre padres e hijos

Carrère relató que acompañar a su madre durante la agonía y los cuidados paliativos le permitió descubrir aspectos de ella que despertaron su admiración. Definió Koljóz como un libro de duelo, escrito desde una tristeza serena y atravesado también por una idea de redención

Al final del encuentro, Guerriero le preguntó si alguna vez pensaba dejar de escribir. La respuesta fue negativa. Carrère sostuvo que no sabe qué otra actividad podría elegir y que la escritura sigue siendo su manera de conocer el mundo y acceder a lo real