Mathew Davis vive en un refugio para personas sin hogar en Austin, Texas, y quisiera conseguir un departamento propio. Pero con lo poco que gana al donar plasma, incluso una vivienda diminuta de 450 dólares al mes, sin agua corriente y con baño compartido, le resulta inalcanzable

La paradoja se repite en varias ciudades de Estados Unidos: miles de unidades catalogadas como asequibles permanecen vacías mientras las personas con menores ingresos siguen sin encontrar dónde vivir

La oferta no alcanza para los más pobres

En el país hay cerca de 4 millones de viviendas de alquiler asequible disponibles para 11 millones de hogares con ingresos extremadamente bajos. Se trata de trabajadores con salarios muy reducidos, jubilados y personas con discapacidad que dependen de ingresos fijos

Según los datos disponibles, alrededor de tres de cada cuatro de esos hogares destinan más de la mitad de su ingreso al alquiler y los servicios, lo que deja muy poco margen para otros gastos básicos

Sin embargo, la mayor parte de la vivienda subsidiada construida en los últimos años está pensada para quienes ganan al menos el 50% del ingreso medio de su zona, un nivel todavía por encima de lo que pueden pagar los hogares más pobres

Un modelo que no siempre cierra

Los desarrolladores sostienen que construir unidades para los segmentos más vulnerables suele requerir subsidios adicionales muy altos. En un ejemplo de Washington, D.C., una vivienda orientada al 60% del ingreso medio deja un margen mínimo una vez cubiertos los costos de operación y la hipoteca

Al mismo tiempo, los especialistas advierten que el sistema de créditos fiscales para vivienda asequible es complejo y costoso, y que las ayudas directas mediante vales habitacionales podrían resultar más eficaces para los inquilinos con menos recursos

Aun así, los vales no alcanzan para todos. Se calcula que solo una de cada cuatro familias elegibles llega a recibirlos, y las listas de espera pueden extenderse durante años

Cuando lo asequible compite con el mercado

En algunas ciudades, los alquileres de las unidades subsidiadas para ingresos moderados se acercaron tanto a los valores del mercado que varios inquilinos prefieren pagar un poco más y saltarse los trámites y verificaciones de ingresos

En Austin, la vacancia total de la vivienda asequible ronda el 16%, con más de 4.500 unidades vacías. En Denver, la vacancia llega al 13% para unidades al 60% del ingreso medio y al 21% para las del 80%. En Portland también hay miles de unidades desocupadas, muchas de ellas para hogares que ganan alrededor del 60% del ingreso medio

El resultado es una contradicción visible: departamentos etiquetados como asequibles quedan sin ocupar, mientras las personas con menos ingresos siguen atrapadas entre el refugio, la calle y alquileres imposibles de pagar

Para Davis, la expectativa es más simple que cualquier debate técnico: quiere una puerta que pueda cerrar de noche y un lugar donde dormir con seguridad