Evan Gershkovich pasó casi 500 días en una celda diminuta de Rusia. Fue liberado hace dos años, en un intercambio internacional de prisioneros, pero recuperar la vida cotidiana le llevó casi tanto tiempo como el que permaneció encarcelado
En sus memorias, This Cursed Beautiful Land (Esta tierra hermosa y maldita), publicadas esta semana, el periodista reconstruye su detención y las consecuencias emocionales del cautiverio
“Ataques de pánico, quedarme paralizado entre multitudes, irritabilidad”, enumeró Gershkovich, de 34 años. Según explicó, durante su permanencia en prisión intentó mantener sus emociones bajo control. Después de recuperar la libertad, todo aquello comenzó a manifestarse
En prisión no lloró ni una sola vez. Fuera de ella, en cambio, empezó a hacerlo con frecuencia y tuvo pesadillas en las que volvía a verse entre rejas
El desconcierto después de la libertad
Uno de los efectos más perturbadores fue sentir deseos de regresar al encierro. “Durante las primeras semanas, sentía este impulso muy extraño de querer regresar. Porque era algo que entendía”, recordó
Gershkovich es hijo de migrantes judíos de la Unión Soviética y creció en los suburbios de Nueva Jersey. En su casa hablaba ruso, comía comida de ese país y utilizaba la variante rusa de su nombre: Vanya
Llegó a Rusia en 2017 para comenzar su carrera periodística. Tras varios años de trabajo en Moscú, se convirtió en uno de los pocos periodistas que continuaron informando desde territorio ruso luego de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022
Una detención preparada en Ekaterimburgo
En marzo de 2023 fue arrestado en Ekaterimburgo, una ciudad industrial de los montes Urales, mientras investigaba la producción militar rusa
Media docena de agentes del Servicio Federal de Seguridad irrumpieron en el restaurante donde se encontraba y lo esposaron. La persona con la que iba a reunirse era, en realidad, un agente que había participado en la trampa
“De inmediato sentí un miedo inmenso, una especie de miedo animal”, relató. También contó que le colocaron una capucha y lo golpearon en el abdomen. A su entender, los agentes buscaban transmitirle que ya estaba bajo su control
El periodista afirmó que, salvo por ese episodio, no sufrió los abusos físicos o psicológicos padecidos por muchos otros presos en las cárceles rusas. “Eligieron no quebrarme como persona, no torturarme ni privarme de comida y agua caliente”, dijo
El canje y una recuperación prolongada
Según Gershkovich, las autoridades rusas siempre contemplaron utilizarlo en un intercambio de prisioneros. En agosto de 2024, después de 16 meses detenido y de haber sido condenado a 16 años de prisión por espionaje, fue trasladado en avión a una base aérea cercana a Washington
Allí fue recibido por el presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris. En el acuerdo también fueron liberados prisioneros rusos y alemanes, mientras que varios agentes rusos recuperaron la libertad en países occidentales. Entre ellos estaba Vadim Krasikov, condenado por asesinato
La recuperación requirió tiempo y psicoterapia. “Diría que me tomó aproximadamente el mismo tiempo que estuve adentro sentir que volvía a ser normal”, declaró
Actualmente, Gershkovich trabaja como periodista en Berlín