El cansancio durante el día suele asociarse con el estrés o la falta de sueño, aunque también puede ser una señal de deficiencia de hierro. Este mineral es esencial para producir hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que transporta oxígeno por el organismo
Cuando disminuyen los niveles de hierro, puede reducirse la producción de hemoglobina y aparecer agotamiento frecuente, palidez, dificultad para concentrarse, mareos y ojeras
Cómo puede avanzar la deficiencia
La falta de hierro puede desencadenar anemia ferropénica. En sus primeras etapas, esta afección puede ser leve y pasar inadvertida. A medida que el déficit se profundiza, los síntomas pueden volverse más intensos
Entre las manifestaciones más marcadas se encuentran la fatiga extrema, la debilidad, la piel pálida, el dolor torácico, la taquicardia, los dolores de cabeza, las manos y los pies fríos y la falta de apetito
Los grupos con mayor riesgo
En casos extremadamente graves, la falta de hierro puede afectar el desarrollo cognitivo y motor, sobre todo durante la infancia. Los niños menores de cinco años, los adolescentes, las mujeres que menstrúan y las embarazadas forman parte de los grupos más vulnerables
Durante el embarazo, la anemia por falta de hierro puede implicar riesgos tanto para la mujer como para el feto. Datos recopilados hasta 2019 estimaron que esta condición afectaba al menos a 500 millones de mujeres de entre 15 y 49 años
Alimentación y consulta médica
La prevención y el tratamiento pueden incluir cambios en la alimentación, con el consumo de nutrientes como hierro, folato, vitamina B12 y vitamina A. Entre los alimentos mencionados se encuentran el salvado de cereales, la harina integral y la avena
Los suplementos deben ser evaluados por un profesional de la salud. También es importante consultar ante síntomas compatibles con una deficiencia, ya que tratarla a tiempo puede prevenir consecuencias para el organismo
El consumo excesivo de hierro tampoco es recomendable: puede resultar contraproducente y dañar órganos como el hígado