Guillermo Barros Schelotto construyó una segunda etapa de su carrera lejos de la cancha. Tras haber sido una figura central del exitoso ciclo de Carlos Bianchi en Boca, comenzó como entrenador en Lanús en 2012 y desde entonces desarrolló una identidad propia desde el banco

A los 53 años, reconoce que la experiencia modificó su manera de interpretar las victorias, las derrotas y las exigencias del fútbol. Para él, la madurez ayuda a comprender que no todo puede controlarse, aunque sí existen principios que no deberían negociarse

El liderazgo más allá de la táctica

Barros Schelotto sostiene que un equipo puede jugar con distintas formaciones y estilos. Sin embargo, considera que hay un aspecto en el que un entrenador no puede equivocarse: el vínculo con las personas

“Podés jugar como quieras, pero no podés fallar en lo humano”, resume. La idea incluye a los futbolistas, los dirigentes, los colaboradores y a todas las personas que trabajan alrededor de un plantel

El técnico asegura que nunca maltrató a un jugador, aunque admite que debe tomar decisiones incómodas, como elegir titulares, dejar futbolistas en el banco o definir la salida de un integrante del plantel. Para él, el respeto debe mantenerse incluso en esos momentos

La presión de las redes y el impacto de las derrotas

El entrenador también marcó diferencias entre los jugadores que dirigía al comienzo de su carrera y los actuales. La tecnología aceleró los tiempos y aumentó la exposición: una actuación, buena o mala, recibe respuestas inmediatas de hinchas y críticos

Según su mirada, una derrota puede doler más por la repercusión que alcanza. Los futbolistas reciben elogios y cuestionamientos de manera constante, y muchas veces terminan concentrándose en el comentario negativo aunque existan numerosos mensajes favorables

Barros Schelotto no impone un límite específico para el uso del celular. Considera que los jugadores tienen libertad, aunque intervendría si nota que el dispositivo afecta su concentración o su desempeño

Aprender de Bianchi y dimensionar el éxito

Entre las enseñanzas que conserva de Bianchi, recuerda una conversación ocurrida en Tandil, durante el primer entrenamiento del entrenador en Boca. Allí les anticipó a él y a Martín Palermo que jugarían veinte partidos consecutivos

Con el tiempo, Barros Schelotto trasladó esa confianza a Rodrigo Bentancur. También incorporó métodos de otros entrenadores y los adaptó a un fútbol que considera más dinámico que el de décadas anteriores

El exfutbolista explica que los integrantes de un equipo ganador rara vez comprenden en el momento la dimensión de lo que están consiguiendo. La perspectiva aparece después, cuando se alejan y observan la cantidad de triunfos y títulos alcanzados

Esfuerzo, familia y desarraigo

Para Barros Schelotto, llegar al fútbol profesional requiere una combinación de talento, lectura del juego y sacrificio. En su familia, varios integrantes alcanzaron el alto nivel, una consecuencia que atribuye al amor por el deporte y a la disposición para sostener el esfuerzo durante años

También destaca el costo menos visible de la profesión: vivir lejos de los afectos, perder reuniones familiares y atravesar períodos de concentración y viajes. Al mismo tiempo, valora las amistades, las experiencias y la posibilidad de conocer otras culturas que el fútbol le permitió obtener

Su rol como padre de un jugador intenta mantenerlo al margen de las decisiones futbolísticas. Asegura que procura comportarse principalmente como padre y que, cuando aporta una opinión, lo hace desde su experiencia como exjugador

Una mirada distinta después de vivir en Estados Unidos

La experiencia en Estados Unidos también modificó su relación con las rivalidades. El alejamiento le permitió entender que las disputas entre clubes representan, en definitiva, una competencia deportiva. Ganar o perder, afirma, no debería alterar la forma de tratar al adversario

En Vélez dice sentirse cómodo y con libertad para trabajar. Resalta la organización de las divisiones inferiores y la posibilidad de competir contra equipos con mayor poder económico

Su deseo es que los hinchas exijan equipos preparados para ganar, incluso cuando enfrenten rivales con más recursos. En su opinión, esa mentalidad podría generar un fútbol más atractivo, ofensivo y competitivo