BANGKOK — Indonesia está acelerando su apuesta por el aluminio en un contexto de tensiones en el mercado global. La guerra en Irán encareció el metal y alteró la oferta en Medio Oriente, una región que suele aportar cerca del 9% de la producción mundial
Para aprovechar esa ventana, el país recurre a sus amplias reservas de carbón para alimentar nuevas fundiciones. La estrategia refuerza su capacidad industrial, pero choca con los compromisos para reducir las emisiones que impulsan el cambio climático
Una expansión guiada por la urgencia
El aluminio es un metal clave para cables, envases, teléfonos y autos, y su producción requiere mucha energía. Indonesia quiere cuadruplicar su producción de alúmina hasta 32,5 millones de toneladas métricas para fines de la década, y llevar su salida de aluminio de alrededor de 1 millón de toneladas en 2025 a 14,5 millones en 2030
Según estimaciones de organizaciones de investigación climática, hay 32 proyectos de plantas a carbón fuera de la red eléctrica pensadas exclusivamente para abastecer fundiciones de aluminio. En el sector, esas instalaciones son conocidas como “captive coal”
El costo ambiental de la carrera industrial
La expansión llega en sentido contrario al objetivo de reducir el uso del carbón, uno de los combustibles fósiles más contaminantes. También suma presión sobre comunidades locales y sobre una región que ya enfrenta impactos ambientales por el crecimiento de la industria del níquel
El aluminio representa cerca del 2% de las emisiones globales anuales de gases de efecto invernadero, unas 1,1 mil millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente. Si todos los proyectos previstos en Indonesia entran en operación hacia 2030, las reservas nacionales de bauxita podrían agotarse en menos de 12 años
La influencia china y la etiqueta verde
China tiene un papel central en este auge. Empresas chinas han invertido en cerca de tres cuartas partes de los proyectos previstos en Indonesia, en un momento en que buscan expandirse fuera de su territorio para reducir la presión ambiental interna
El gobierno indonesio clasifica al níquel y al aluminio como “minerales de transición”, ya que pueden usarse en tecnologías limpias. Esa categoría, sin embargo, deja margen para sostener inversiones alimentadas con carbón como si fueran compatibles con los objetivos climáticos
Críticos del plan advierten que esa lógica abre una gran grieta regulatoria. También señalan que, si el crecimiento se acelera al ritmo previsto, el país podría terminar profundizando la contaminación local y un modelo industrial de alto costo ambiental
Las fundiciones podrían funcionar con energías más limpias, como la hidroeléctrica, pero esa opción llevaría más tiempo y sería más cara. Por ahora, Indonesia prioriza la velocidad para aprovechar el momento que abrió la disrupción del mercado internacional