Javier Milei volvió a intensificar su discurso contra el mundo universitario, el periodismo y otras áreas de la producción intelectual. En una entrevista televisiva con Luis Majul, sostuvo que la supuesta estrategia cultural asociada a Gramsci habría avanzado hacia una “etapa 2.0” y afirmó que hay “terroristas disfrazados de estudiantes”, de periodistas, de profesores y de investigadores
No es la primera vez que el Presidente recurre a la teoría de la hegemonía cultural del pensador marxista italiano Antonio Gramsci. Sus declaraciones reactivaron una polémica que ya forma parte del núcleo de la llamada batalla cultural del oficialismo
Críticas desde el campo intelectual
Las respuestas no tardaron en llegar en la red social X. El escritor y periodista Martín Caparrós cuestionó al Gobierno y vinculó los dichos presidenciales con una deriva autoritaria. El sociólogo Pablo Alabarces habló de fascismo y advirtió sobre la gravedad de que se señale a estudiantes, docentes e investigadores como terroristas
El jurista Roberto Gargarella sostuvo que expresiones de ese tipo no se escuchaban desde la dictadura y pidió su destitución. El crítico cultural Daniel Molina ironizó sobre la acusación. La investigadora Sol Prieto comparó el tono del mensaje con el de Jorge Rafael Videla y recordó que la entrevista ocurrió en una fecha ligada al nacimiento del exgeneral condenado por crímenes de lesa humanidad
También se manifestaron la escritora y periodista Hinde Pomeraniec, que pidió que alguien interrogue al Presidente sobre qué entiende por terrorismo, la filósofa Leonor Silvestri, que cuestionó la idea de individualizar el terrorismo, el físico e investigador Gastón Giribet, que consideró inaceptable la afirmación, y el profesor y abogado Pablo Serdán, que alertó sobre un riesgo para la democracia
Respaldo oficial y nueva disputa
En contraste, el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, publicó una explicación extensa sobre la teoría gramsciana y respaldó la lectura del Presidente. Describió una estrategia de captura institucional basada en la ocupación gradual de espacios como universidades, escuelas, medios, iglesias y organizaciones culturales
En otro mensaje, Álvarez acusó a la izquierda de usar las universidades para apoyar a organizaciones vinculadas al terrorismo. Con ese intercambio, la disputa alrededor de la batalla cultural sumó un nuevo capítulo y dejó otra vez en el centro de la escena la relación del Gobierno con el sistema educativo y el mundo intelectual