Jonathan "Honas" Meléndez, fundador, compositor y tecladista de Camilo Séptimo, dejó una imagen marcada por la introspección, el trabajo en equipo y una relación muy cercana con su vida familiar. Su forma de mirar el mundo se reflejaba tanto en sus canciones como en la manera en que organizaba su día a día

La dinámica del grupo estaba pensada para equilibrar la creación y la casa. Reservaban parte del mes para componer y destinaban el resto del tiempo a la familia. En viajes a lugares como Acapulco, Valle de Bravo, Cuernavaca y Avándaro, llevaban un estudio portátil, probaban decenas de ideas y después elegían sólo algunas para desarrollar

Una idea de la música como búsqueda interior

Meléndez sostenía que la experiencia humana iba más allá de lo material. Veía la música como una vía de conexión espiritual, una herramienta para ordenar emociones y una forma de leer el universo. Esa manera de pensar también aparecía en sus conversaciones con Manuel "Coe" Mendoza, su amigo desde la adolescencia y pieza central de Camilo Séptimo

Junto con Mendoza y Erick Vázquez, construyó una banda basada en sintetizadores, guitarras y atmósferas electrónicas. Pero detrás del sonido había una convicción compartida: hacer música desde la confianza, la amistad y la búsqueda de algo más profundo que el éxito comercial

Trabajo temprano, disciplina y familia

Antes de consolidarse como músico, Jonathan trabajó desde muy joven vendiendo artículos por teléfono. Esa etapa formó parte de la disciplina con la que más tarde encaró su carrera y también su vida personal

Su estudio e instrumentos estaban en casa para mantenerse cerca de sus hijos y participar activamente en la crianza. Meléndez murió el martes 1 de septiembre en Atizapán, Estado de México, junto con su esposa embarazada, su hija de tres años y la niñera de la familia

Un niño de cinco años sobrevivió al ataque. Su legado quedó ligado a una forma de crear y de vivir que priorizaba la cercanía humana, la naturaleza y la evolución personal