La guerra con Irán, que Donald Trump dijo inicialmente que duraría semanas, ya supera los seis meses y comenzó a influir de lleno en la campaña rumbo a las elecciones de medio término en Estados Unidos

El impacto no es solo político. En varios estados, votantes de perfiles muy distintos dicen sentir el efecto en la nafta, los alimentos y el costo general de vida, un factor que puede inclinar carreras legislativas ajustadas en la Cámara de Representantes y el Senado

El costo económico entra en la campaña

En Bethlehem, Pensilvania, Mike Gibbons, un mozo de 33 años, dice que esta vez votará por cualquier demócrata que pueda. Explica que llenar el tanque le cuesta casi un dólar más por galón que hace un año y que su salario no acompañó ese aumento

Su caso refleja un humor extendido entre muchos electores: según una encuesta de julio, alrededor de dos tercios de los adultos en Estados Unidos consideran que la guerra no ha valido la pena. La mayoría de los demócratas e independientes comparte esa visión, junto con más de un tercio de los republicanos

Para los republicanos, el conflicto complica el intento de centrar la campaña en los recortes de impuestos y en la defensa del presidente. Aunque el oficialismo mantiene el control de las mayorías legislativas, la guerra y sus efectos económicos pueden ser decisivos en distritos competitivos como el de Bethlehem, donde el republicano Ryan Mackenzie enfrenta una banca vulnerable

Los demócratas buscan capitalizar el malestar

La oposición ve una oportunidad para revertir el golpe que recibió hace dos años, cuando fue responsabilizada por la inflación. Sherrod Brown, candidato al Senado por Ohio, lanzó un aviso grabado en una estación de servicio. Angela Alsobrooks, senadora demócrata por Maryland, también vinculó el aumento de precios con la guerra y pidió a su partido insistir en el deterioro económico y en el rumbo del país

En Bakersfield, California, Brandon Bane, trabajador de comida rápida e independiente, dijo que debe elegir entre pagar el alquiler y comprar alimentos, y que la suba de la nafta agravó esa presión. Por eso planea apoyar al rival demócrata de David Valadao. Melissa Wegman, jubilada demócrata de la misma ciudad, contó que se sorprendió al pagar 128 dólares para llenar el tanque de su SUV

No todos culpan a Trump

Pese al malestar, parte del electorado sigue respaldando al presidente. En Raleigh, Carolina del Norte, Lucienda Lowe sostuvo que mantiene su confianza en Trump y que debe haber una razón más profunda detrás de la guerra. Dijo además que no subió los precios de sus manzanas, aun con mayores costos de combustible y fertilizantes

En Iowa, Larry Cole, gerente de servicios y votante republicano, restó dramatismo al aumento de la nafta y aseguró que Trump actuó como otros presidentes no se animaron a hacerlo. Mark Duffy, jubilado en Scottsdale, Arizona, dijo que no esperaba un conflicto tan prolongado, aunque aseguró que no le cambió la vida de manera material

Desencanto y voto incierto

Para otros electores, la guerra refuerza la idea de que ninguno de los dos partidos responde realmente a las necesidades cotidianas. En Virginia, Evan Mise, de 26 años, dijo que le preocupan los precios y el futuro económico de su familia, pero todavía no decidió a quién votará en noviembre

La combinación de conflicto exterior, inflación persistente y desconfianza política abre una incógnita para el oficialismo: si la guerra termina pesando más en la vida diaria que en el discurso partidario, puede convertirse en un factor decisivo en varias contiendas ajustadas