La carrera por la secretaría general de la ONU empezó a exponer algo más que una competencia entre nombres. También reflejó los cambios de época en la política internacional: la discusión sobre el peso de América Latina, la posibilidad de que una mujer alcance por primera vez el cargo y la incidencia de conflictos que atraviesan a las grandes potencias
Dos votaciones y un tablero abierto
En la primera consulta del Consejo de Seguridad, celebrada el 30 de julio, la excanciller de Guyana Carolyn Rodrigues-Birkett obtuvo 9 votos a favor, 2 en contra y 4 abstenciones; el argentino Rafael Grossi consiguió 7 votos favorables, 2 negativos y 6 abstenciones; y la costarricense Rebeca Grynspan reunió 10 apoyos, 1 rechazo y 4 abstenciones
En la segunda votación, realizada el 21 de agosto, Rodrigues-Birkett alcanzó 8 votos a favor, 3 en contra y 4 abstenciones; Grynspan quedó con 7 apoyos, 4 rechazos y 4 abstenciones; y Grossi mantuvo sus 7 votos positivos, pero vio subir los negativos a 6 y bajar las abstenciones a 2
El dato más sensible para el argentino fue ese aumento del voto en contra. Aun así, ninguna candidatura quedó cerrada y el proceso sigue abierto a nuevas definiciones e incluso a eventuales postulaciones que todavía no hayan aparecido
El peso de género y la región
La discusión también quedó marcada por la posibilidad de que una mujer llegue por primera vez a la jefatura de Naciones Unidas. Esa idea ganó espacio en el debate internacional, al mismo tiempo que persistió la expectativa de que el cargo corresponda, por rotación regional, a un aspirante de América Latina y el Caribe
Sin embargo, la región exhibe una oferta dispersa y sin una estrategia común nítida. En la lista de espera también aparecen candidatos de África, lo que refuerza la sensación de que la pulseada final no quedará atada solo a la geografía
Cómo se define la elección
El Consejo de Seguridad tiene 15 miembros: cinco permanentes con derecho a veto y diez por rotación anual. Para recomendar un nombre, necesita al menos nueve votos, sin veto de ninguno de los permanentes. Luego, la Asamblea General debe aprobar la designación en una votación de los 193 países miembros
En la historia de la ONU, la Asamblea nunca rechazó una recomendación del Consejo de Seguridad para este cargo
Grossi, trayectoria y obstáculos
Grossi, de 65 años, dirige desde 2019 el Organismo Internacional de Energía Atómica. Se formó en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación y también estudió Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina, además de Relaciones Internacionales e Historia en la Universidad de Ginebra. Fue embajador en Austria y tiene una extensa carrera vinculada con el desarme y la no proliferación nuclear
Su nombre circuló con fuerza desde fines de 2025, cuando se presentó de manera informal en una actividad del CARI. Esa proyección lo volvió visible dentro y fuera de la Argentina, pero también lo expuso a mayores tensiones diplomáticas
En junio de 2025, un asesor del ayatollah Ali Khamenei advirtió que Irán se ocuparía de Grossi cuando terminara la guerra. La reacción estuvo vinculada con el rol del OIEA en las inspecciones sobre uranio enriquecido en Teherán y con la atención que la agencia prestó a los riesgos sobre la central de Zaporiyia durante la guerra ruso-ucraniana
Además, la vocera de la cancillería rusa, Maria Zakharova, lanzó el 20 de agosto una crítica directa al argentino y sugirió que sus dichos sobre la pérdida de relevancia de la ONU podían aplicarse a él mismo. Días más tarde aludió también a la Argentina e Italia como patrocinantes de su candidatura, en una referencia a su doble nacionalidad
Un cargo en tiempos más ásperos
La sucesión de António Guterres llega en un contexto internacional mucho más turbulento que el de décadas anteriores. La guerra en Ucrania, los conflictos en Medio Oriente y África, la tensión entre Estados Unidos e Irán, el impacto de la inteligencia artificial, el debate climático y la cuestión de género forman parte de una agenda más amplia y más dura que la de otras etapas de la ONU
En ese marco, el técnico de Grossi suma, pero no alcanza por sí solo. La decisión final dependerá de cómo se crucen en Nueva York los apoyos regionales, los vetos de las potencias y las nuevas prioridades del sistema internacional