En el patio de una escuela, una adolescente considerada popular podía imponer su presencia con una mirada. Décadas después, quienes compartieron esos años todavía recuerdan con claridad quiénes ocupaban los lugares centrales, quiénes quedaban al margen y qué grupos parecían intocables
El psicólogo Mitch Prinstein, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, sostiene que los recuerdos vinculados con la posición social en la adolescencia permanecen especialmente activos. Muchas personas recuerdan el nombre del alumno más popular de su generación con mayor facilidad que los de profesores o compañeros
La influencia de esas experiencias no se limita a la memoria. Distintos estudios relacionan la popularidad adolescente con la manera de interpretar los encuentros sociales, la calidad de las relaciones amorosas, la satisfacción personal y algunos resultados de salud
Las cinco posiciones dentro del grupo
A comienzos de la década de 1980, el psicólogo John Coie comenzó a estudiar la popularidad a partir de dos preguntas dirigidas a los estudiantes: quién les agradaba más y quién les agradaba menos
Con esas respuestas estableció cinco categorías: aceptados, rechazados, controvertidos, ignorados y promedio. Los primeros recibían una valoración ampliamente positiva; los segundos eran rechazados por sus pares. Los controvertidos generaban adhesiones y rechazos en proporciones elevadas, mientras que los ignorados apenas eran mencionados. El grupo promedio no mostraba inclinaciones extremas
Las investigaciones posteriores utilizaron esas categorías con resultados similares. Cerca del 40% de los estudiantes suele ubicarse en el grupo promedio y el resto se distribuye entre las otras cuatro posiciones
Los adolescentes aceptados suelen ser vistos como amables, solidarios y estimulantes. Los ignorados tienden a ser más silenciosos y aislados. Entre los rechazados aparecen tanto conductas agresivas como experiencias de hostigamiento, y los controvertidos suelen ser percibidos como rebeldes o payasos de la clase
Una parte importante de esas etiquetas puede mantenerse al cambiar de grupo. Un estudio encontró que casi la mitad de los niños conservaba en la secundaria la clasificación social que había recibido cinco años antes, en la primaria
El cambio de reglas entre primaria y secundaria
La dinámica social no es igual en ambos niveles. En la primaria, los alumnos populares suelen ser quienes cumplen las normas y se destacan académicamente, en parte porque sus valores coinciden con los de los adultos que los supervisan
En la secundaria, esa lógica se modifica. La autoridad adulta pierde atractivo y cobran importancia la apariencia, la dominancia, la capacidad de llamar la atención, el estilo personal y el desempeño deportivo. Un estudiante aplicado puede ser relegado a la categoría de “nerd”, mientras que alguien más ruidoso puede ganar reconocimiento
Prinstein explica que también puede otorgar estatus la llamada conducta pseudomadura: beber alcohol, consumir drogas o iniciar relaciones amorosas tempranas. Esa ventaja social suele ser temporal y pierde fuerza alrededor de los 15 años
El especialista diferencia entre simpatía y estatus. Ser querido por los pares se asocia con mejores resultados psicológicos, académicos, laborales y de salud. En cambio, una posición social elevada basada en la dominación puede relacionarse con consecuencias menos favorables
Una sociedad adolescente organizada en círculos
La escuela secundaria no funciona como una jerarquía única. Sus vínculos se organizan en círculos con códigos propios, fronteras y formas de reconocimiento. Durante los primeros años, esas divisiones suelen ser rígidas y la exclusión puede adquirir una intensidad difícil de encontrar en otros momentos de la vida
El psicoanalista Erik Erikson planteó que los adolescentes forman grupos y clasifican a los demás como una forma de enfrentar los cambios físicos, hormonales y emocionales de esa etapa. Saber a qué grupo pertenece cada persona facilita, aunque de manera limitada, la navegación de ese mundo social
Sin embargo, una proporción significativa no se identifica con ninguna subcultura. Un estudio de 1985 señaló que el 45% de los estudiantes se definía como “normal”, sin asociarse con los grupos populares, rebeldes o alternativos
Quedar fuera de todas las categorías puede resultar especialmente doloroso. Algunas experiencias de rechazo comienzan en la primaria y se repiten después, incluso cuando el estudiante cambia de institución
La jerarquía pierde fuerza con la madurez
Hacia el final de la secundaria, los límites entre los grupos tienden a relajarse. Una investigación etnográfica realizada por David Kinney a comienzos de la década de 1990 observó que algunos antiguos “nerds” conseguían integrarse como alumnos “normales”. El desarrollo cognitivo y la posibilidad de rodearse de pares más comprensivos ayudaban a reducir el temor y la necesidad de ajustarse
En esa etapa también podían aparecer nuevos competidores por el reconocimiento: jóvenes con una apariencia llamativa o un comportamiento desafiante que disputaban el protagonismo de los grupos más establecidos
Las amistades inesperadas también pueden surgir cuando las etiquetas pierden rigidez. Dos adolescentes que antes parecían pertenecer a mundos opuestos pueden descubrir que comparten una sensación de extrañeza o de no encajar
Por qué esas experiencias siguen presentes
La adolescencia concentra una convivencia intensa: los jóvenes pasan años rodeados casi a diario por las mismas personas. Lucy Foulkes, psicóloga de la Universidad de Oxford, señala que una exposición tan prolongada a las mismas relaciones puede hacer que el poder social y la exclusión se sientan con particular fuerza
Prinstein sostiene que las experiencias de los 14 años pueden convertirse en un filtro para interpretar situaciones posteriores. Los recuerdos sociales se activan cuando los adultos evalúan la conducta de otras personas y pueden influir en las expectativas con las que ingresan a nuevos grupos
Así, alguien que fue rechazado puede estar especialmente atento a señales ambiguas que confirmen que volverá a quedar afuera. Esa expectativa puede llevarlo a actuar de un modo defensivo, aumentar el aislamiento y reforzar la sensación de rechazo
Qué ocurre con los antiguos alumnos populares
Un seguimiento realizado por Joseph Allen a 184 adolescentes del sudeste de Estados Unidos, observados entre los 13 y los 23 años, analizó qué sucedía con quienes buscaban estatus mediante conductas pseudomaduras
El estudio vinculó la búsqueda temprana de reconocimiento y el consumo de alcohol o drogas con mayores riesgos de abuso de sustancias y adicciones posteriores. También relacionó la prioridad otorgada al estatus con vínculos personales menos estrechos y más dificultades para sostener amistades y relaciones amorosas
El rechazo, por su parte, puede asociarse con una mayor probabilidad de depresión a lo largo del tiempo. Pero no determina por completo el futuro. Quienes atravesaron esas experiencias también pueden desarrollar una mayor sensibilidad para detectar las emociones ajenas y reconocer situaciones de maltrato
Además, no es necesario haber sido aceptado por todo el grupo para construir una vida social saludable. Contar con uno o dos amigos cercanos durante la adolescencia puede ofrecer protección y favorecer relaciones futuras más sólidas
Las etiquetas no son una condena
Las experiencias tempranas pueden influir durante mucho tiempo, pero no fijan una identidad permanente. Los guiones aprendidos en la secundaria pueden modificarse cuando una persona revisa sus interpretaciones y deja de buscar únicamente señales que confirmen sus temores
Dos mujeres que vivieron adolescencias opuestas muestran esa posibilidad. Georgia, identificada en su juventud con una conducta agresiva y de alto estatus, relacionó su actitud con experiencias de violencia y con la necesidad de mostrarse invulnerable. Con el tiempo, esas vivencias influyeron en su activismo en favor de personas vulnerables
Connie, que atravesó distintos episodios de rechazo y aislamiento, reconoció que desarrolló conductas de autosabotaje y tuvo dificultades para sostener amistades. Después de una crisis durante la adolescencia tardía, trabajó para recuperarse y, más de una década después, encontró actividades que la entusiasman
Las posiciones ocupadas en la escuela pueden dejar marcas, pero no constituyen una sentencia. Revisar esos patrones y hablar sobre ellos puede ayudar a evitar que se repitan en la adultez
*Los nombres fueron cambiados