Una ola de publicaciones en redes sociales reúne a mujeres y hombres que aseguran ser “Jane Doe”, en apoyo a una joven que utiliza ese nombre en una demanda contra la Universidad Cornell y siete integrantes de una fraternidad, a quienes acusa de haberla violado

Muchas de las personas que adoptaron el seudónimo también compartieron experiencias personales de abuso y agresión sexual. La iniciativa cobró fuerza después de que se conociera la presentación de la demanda y de que algunas personas intentaran revelar la identidad real de la denunciante

El objetivo de quienes participan es generar suficientes publicaciones similares para dificultar que los algoritmos identifiquen a la verdadera demandante. Los mensajes aparecen en distintos formatos, como videos, fotografías y textos

Una nueva ola de testimonios

La reacción recuerda la energía que alcanzó el movimiento #MeToo hace una década, cuando miles de mujeres comenzaron a relatar públicamente situaciones de acoso y abuso sexual

Emma Davidson Tribbs, directora fundadora de la National Women’s Defense League, sostuvo que este tipo de momentos alienta a más mujeres a hablar y compartir sus historias. A su juicio, también puede brindar confianza para dar un paso al frente y promover cambios

Wendy Lea Brewer, una cantante de 48 años que tiene antecedentes de abuso sexual y ha hablado de esa experiencia en sus canciones y presentaciones, publicó videos en Instagram con frases como “Soy Jane Doe” y “Es hora de hablar”

Brewer explicó que durante mucho tiempo sintió que hablaba “a un vacío” sin ser escuchada. Tras conocer el caso de Cornell, encontró en las publicaciones una comunidad con personas que expresaban sentimientos similares

El anonimato como protección

Diana Simon, profesora de Derecho de la Universidad de Arizona, señaló que en las últimas décadas aumentó el uso de seudónimos como Jane Doe en demandas judiciales

Aunque el sistema legal privilegia la transparencia y suele exigir que las partes sean identificadas, existen casos de carácter privado o delicado en los que mantener el anonimato puede favorecer a la persona involucrada

Sin embargo, el anonimato no garantiza que la identidad real permanezca protegida, especialmente cuando otras personas intentan rastrearla en internet

Por esa razón, Kelsey Combe publicó su propio mensaje de solidaridad. La fotógrafa, que vive en el centro de Estados Unidos, buscaba que la abundancia de publicaciones hiciera más difícil confirmar cuál era la identidad de la verdadera Jane Doe

“Era para confundir a los modelos de inteligencia artificial y solidarizarme con ella”, explicó Combe. La idea surgió después de que viera un video de una creadora de contenido que destacaba la importancia de la iniciativa

La estrategia tuvo un efecto inesperado: posteriormente, un sistema de inteligencia artificial vinculó a Combe con la demanda y afirmó que ella era la persona que había denunciado a Cornell. La asociación fue eliminada, aunque antes recibió críticas de usuarios que consideraban que había provocado esa confusión al participar en la campaña

Para Combe, ese episodio puso de manifiesto los problemas sistémicos que la iniciativa intenta señalar. No se trata únicamente de un caso individual, sino de experiencias de agresión sexual que, según afirmó, comparten muchas personas

“Todas somos Jane Doe hasta que nadie lo sea”, resumió