La Guerra Civil y los años que siguieron dejaron en España un paisaje de miseria, desabastecimiento y hambre extrema. En ese contexto, muchas cocinas se convirtieron en espacios de ingenio obligado, donde las familias adaptaban los platos tradicionales con lo poco que tenían a mano para evitar la desnutrición

Entre esas recetas de subsistencia figura una versión de la tortilla de patatas que prescinde de la patata. La fórmula, recogida por la chef y escritora Berta Álvarez Acal en Recetas de Guerra, combina agua, bicarbonato sódico y aceite para simular el huevo, mientras el pan sustituye a las patatas

Cocina de emergencia

El libro también reúne otras elaboraciones nacidas de la escasez. Los llamados calamares fritos sin calamar eran, en realidad, aros de cebolla rebozados y fritos. La merluza de guerra se preparaba con bacalao en salazón para reemplazar al pescado fresco. Y el café de guerra y posguerra se obtenía con cebada tostada, malta y achicoria

Álvarez Acal reconstruyó estas recetas a partir de un cuaderno manuscrito de su tía abuela y de trabajos históricos sobre la sustitución de ingredientes durante la contienda. Su conclusión fue clara: algunos platos sorprendían por su sabor pese a estar hechos con sobras, mientras que otros resultaban mucho menos apetecibles

Una tragedia largamente silenciada

La hambruna de aquellos años dejó una huella profunda. El historiador Miguel Ángel del Arco Blanco calcula que al menos 200.000 personas murieron de hambre e inanición entre 1939 y 1942. Según explica, esa tragedia quedó oculta durante décadas por el control informativo del régimen franquista, que atribuyó la situación a la guerra, el aislamiento y la sequía

Durante la posguerra se impulsaron prácticas como el día de plato único o el día sin postre, mientras en el campo se sobrevivía con productos locales y en las ciudades la carencia era mucho más dura. Investigadores como David Mota Zurdo subrayan la necesidad de poner nombre y apellidos a las víctimas para evitar que ese episodio siga relegado al olvido

Más allá de las recetas, aquel periodo dejó hábitos que todavía persisten en muchas familias: el rechazo a tirar comida y la costumbre de repetir que hay que dejar el plato vacío