Estrenar ropa nueva suele venir con una preocupación frecuente: que el color se desgaste rápido o que destiña sobre otras prendas. Por eso, desde hace años circula un consejo doméstico que muchas personas todavía aplican al primer lavado: poner sal en el lavarropas

La idea detrás de esta práctica es que la sal puede ayudar a fijar ciertos tintes en las telas, sobre todo en prendas de colores intensos como negro, rojo, azul marino o tonos muy vivos. No es una garantía absoluta, pero se la asocia con una menor liberación de pigmentos durante las primeras lavadas

Un recurso simple y económico

Parte de su vigencia se explica por su facilidad de uso. La sal común está en casi cualquier casa y no requiere compras especiales. Por eso, suele incorporarse solo en el primer lavado o en las primeras veces que una prenda entra en contacto con agua y detergente

En esa etapa inicial es cuando existe mayor riesgo de que algunos colores se desprendan. Si la prenda conserva mejor su tono original, también mantiene durante más tiempo una apariencia prolija

Cómo se suele aplicar

Quienes usan este método suelen colocar una pequeña cantidad de sal directamente en el tambor o disolverla antes en agua. De todos modos, también se recomienda revisar siempre la etiqueta de cuidado de cada prenda y elegir el programa de lavado más adecuado para su tejido

Más allá de la eficacia que cada persona le atribuya, se trata de uno de esos consejos caseros que siguen pasando de generación en generación para intentar proteger la ropa nueva desde el primer día