En 1927, el arquitecto e inventor estadounidense Richard Buckminster Fuller imaginó una vivienda que pudiera comprarse por un precio similar al de un automóvil. Su propuesta fue la Dymaxion House, una estructura hexagonal de aluminio, liviana y pensada para fabricarse en serie como un vehículo
Fuller creía que la industria capaz de democratizar el acceso a los autos también podía hacer más accesible la vivienda. Aunque recibió miles de pedidos, solo llegaron a construirse dos prototipos
Desde entonces, la arquitectura ensayó distintas respuestas al mismo desafío: casas prefabricadas, viviendas modulares, microapartamentos, coliving y tiny houses. Sin embargo, ninguna alternativa consiguió resolver por completo la tensión entre producción masiva, calidad, adaptación al entorno y precio
Cuando la promesa de bajo costo se enfrentó a la realidad
A fines de la década de 1930, Frank Lloyd Wright desarrolló las Usonian Houses, concebidas para acercar la vivienda a la clase media estadounidense. El modelo combinaba materiales locales, plantas abiertas y una fuerte relación con el paisaje
La primera casa, construida para la familia Friedman en el estado de Nueva York, tenía un presupuesto inicial de US$30.000, pero terminó costando más del doble. El caso anticipó uno de los obstáculos más persistentes de la vivienda accesible: la diferencia entre el precio prometido y el costo final
Después de la Segunda Guerra Mundial, el francés Jean Prouvé llevó la prefabricación metálica a una escala mayor. Sus casas utilizaban paneles fabricados en taller, estructuras livianas y un montaje rápido en el terreno. El Gobierno francés recurrió a este sistema para atender la falta de viviendas para cientos de miles de refugiados y desplazados
Prouvé fabricó varios cientos de unidades, pero el proyecto estatal nunca alcanzó la dimensión esperada. En 1953, su empresa Ateliers Jean Prouvé quebró. El sistema sobrevivió en encargos puntuales y en proyectos sociales, entre ellos las viviendas de emergencia desarrolladas para el movimiento Emaús del abad Pierre
Casas de serie para el ocio y la vida cotidiana
En Estados Unidos, la industrialización de la vivienda tomó un rumbo diferente. En 1964, los grandes almacenes Macy’s comenzaron a comercializar las Leisurama Homes, casas de vacaciones fabricadas en serie que incluían desde la parcela y el mobiliario hasta la vajilla y un cepillo de dientes
Se vendieron 200 unidades en apenas seis semanas. El proyecto se basaba en diseños de Andrew Geller, arquitecto que en 1959 había recibido el encargo de crear “la casa típica americana” para una exposición en Moscú organizada durante el gobierno de Dwight Eisenhower
La idea de vender una casa como cualquier otro producto comercial convivió con propuestas de apariencia futurista. En 1968, el finlandés Matti Suuronen diseñó la Futuro House, una cápsula de poliéster reforzado con fibra de vidrio
El proyecto había nacido tres años antes, cuando el médico Jaakko Hiidenkari le pidió una cabaña de esquí fácil de calentar y de instalar en terrenos difíciles. La construcción podía transportarse incluso en helicóptero y elevar la temperatura interior 30 grados en media hora
Suuronen y la empresa Polykem pensaron que la cápsula podía transformarse en una vivienda económica: se fabricaba en serie, se ensamblaba en un día y podía ubicarse en distintos terrenos. Pero los materiales que facilitaban el transporte encarecían la producción. Luego, la crisis del petróleo de 1973 volvió más costoso el plástico y solo se fabricó alrededor de un centenar de unidades
La vivienda modular también tuvo límites
En Japón, el movimiento metabolista propuso edificios capaces de crecer y transformarse mediante módulos prefabricados. Su ejemplo más conocido fue la torre cápsula Nakagin, diseñada por Kishō Kurokawa y construida en Tokio en 1972
El edificio estaba destinado a los salarymen, empleados de oficina que necesitaban un espacio funcional y económico en el centro de la ciudad. Sus 140 cápsulas medían apenas 10 metros cuadrados e incluían cama, baño y electrodomésticos
Las unidades se fabricaban en serie y se conectaban a dos núcleos de hormigón. El plan contemplaba reemplazarlas cada 25 años, pero nunca se cambió ninguna. El suministro de agua caliente se interrumpió en 2010 y la falta de mantenimiento llevó al abandono del complejo. En 2022 comenzó su desmantelamiento pieza por pieza
El problema no está solo en el diseño
Para el investigador de estudios urbanos Erik Harley, presentar la vivienda como un desafío técnico resulta más sencillo que abordarla como un problema político. A su juicio, cada época incorpora un nuevo formato con un nombre atractivo, pero muchas veces se intenta que el diseño resuelva cuestiones vinculadas con el precio del suelo, la financiación, la propiedad y la regulación
El boom inmobiliario español anterior a 2008 mostró que construir cientos de miles de viviendas no garantiza el acceso de quienes más las necesitan. La relación entre una mayor oferta y una baja automática de los precios es mucho más compleja
La arquitectura puede mejorar la forma en que se habita un edificio, pero no determina quién podrá vivir allí ni cuánto deberá pagar. La industrialización también enfrenta dificultades financieras: buena parte de los bancos no reconoce como garantía una vivienda mientras se fabrica en una planta y solo habilita el crédito cuando los módulos llegan al terreno
Los arquitectos Pilar Cano-Lasso e Ignacio de la Vega, responsables del sistema de vivienda industrializada Tini, sostienen que la producción en fábrica permite acortar plazos y controlar mejor los costos frente a alternativas tradicionales de calidad equivalente. Sin embargo, advierten que una construcción de alta calidad, con materiales naturales y duraderos, no es necesariamente más barata
También consideran posible que la vivienda construida completamente de manera tradicional se convierta en un producto de lujo, debido a la escasez futura de trabajadores especializados
Una discusión sobre el mercado inmobiliario
El periodista Pedro Bravo ubica el problema en una dimensión más amplia. La vivienda, sostiene, es un campo de disputa desde el crecimiento de las ciudades, y los términos como coliving o tiny houses también pueden funcionar como estrategias de marketing dentro de un mercado inmobiliario
Bravo retoma las advertencias de Friedrich Engels sobre la extensión de la crisis habitacional incluso entre la burguesía y plantea la necesidad de desmercantilizar la vivienda. En su análisis, los grandes capitales financieros internacionales obtienen de este sector una rentabilidad superior a la de la Bolsa, lo que dificulta revertir la situación
Casi un siglo después de la propuesta de Buckminster Fuller, la tecnología permite construir de forma más rápida, eficiente y controlada. La vivienda asequible sigue siendo técnicamente posible, pero su concreción depende de modificar las reglas económicas, urbanas, financieras y políticas que determinan el acceso a un hogar