Pia pasó buena parte de su adolescencia en un internado de Perú, donde la rutina estaba organizada de principio a fin. Las clases comenzaban a las siete de la mañana y continuaban con actividades extracurriculares hasta la tarde. Los fines de semana volvía a su casa, compartía tiempo con su familia y asistía a la iglesia

La biblioteca del colegio fue su espacio de descubrimiento. Allí leyó autores de distintos países y empezó a hacerse preguntas sobre asuntos que, según cuenta, no podía abordar abiertamente en su entorno. En su familia y en la institución predominaba una formación cristiana, mientras que las jerarquías basadas en la edad y el sexo condicionaban la manera de expresarse

Una decisión tomada a los 16 años

La educación que recibía también tenía un abierto y alternativo. Esa combinación despertó en Pia el deseo de conocer una realidad diferente. Al terminar el secundario, decidió mudarse sola a otro país. Eligió la Argentina por el prestigio y la calidad que asociaba con sus universidades

La decisión generó resistencia entre algunos familiares. Varias personas cuestionaron que sus padres le permitieran viajar sola, especialmente por ser mujer. También hubo cierta decepción porque su elección se apartaba del futuro que muchos habían imaginado para ella: una carrera tradicional y una universidad elegida de antemano

Sus amigos recibieron la noticia con sorpresa. La mayoría evitó hacer demasiadas preguntas y se limitó a desearle suerte, mientras seguía caminos académicos más convencionales

Las primeras diferencias al llegar a Buenos Aires

Pia llegó a Buenos Aires con 16 años, entre el entusiasmo y el miedo. Recién al instalarse comprendió la dimensión de estar sola, lejos de su familia y frente a una vida completamente nueva

Durante sus primeros meses vivió en una residencia estudiantil cercana al Congreso, junto con jóvenes de distintos lugares de Sudamérica y de varias provincias argentinas. Allí observó una relación menos apurada con los estudios y una mayor libertad para elegir una carrera u oficio de acuerdo con los intereses personales

También le llamó la atención que cambiar de carrera, trabajar mientras se estudia o avanzar a otro ritmo fueran decisiones relativamente aceptadas. Según su experiencia, había menos presión por competir y terminar una carrera lo antes posible

La joven notó, además, una mayor facilidad para expresar gustos y desacuerdos, la costumbre de reunirse en espacios públicos y la participación social en distintas causas. También observó a más varones involucrados en el cuidado de sus hijos, el respeto por el silencio en el transporte y una menor presencia de la religión en la vida cotidiana

Otra diferencia estuvo en los vínculos: el trato de igual a igual parecía depender menos de la edad, el sexo o la formación académica

Medicina, nuevas amistades y una vida más independiente

Pia había sido una estudiante destacada en Perú y terminó el secundario a una edad temprana. En su familia, la educación ocupaba un lugar central porque había sido una herramienta para superar la pobreza. Por eso eligió estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires

El comienzo fue difícil. No había previsto la inestabilidad que podía atravesar una estudiante migrante al dejar su casa y empezar desde cero. Con el tiempo, sin embargo, sintió que su calidad de vida mejoraba a medida que conocía la ciudad y se adaptaba a ella

Entre los aspectos que valoró mencionó el transporte público, los espacios gratuitos de recreación, la educación superior pública, la seguridad social y una menor exposición al acoso callejero. También destacó que encontró una ciudad más ordenada y limpia de lo que esperaba

Sus nuevas amistades, principalmente mujeres, fueron decisivas. Pia encontró personas dispuestas a hablar de temas personales sin tantos tabúes, a compartir experiencias y a escuchar sin juzgar. La demostración de afecto y la ayuda mutua le permitieron sentirse acompañada

La familia de su pareja y otros modos de vincularse

El malestar inicial disminuyó cuando conoció a su novio, un argentino que la incorporó a su grupo de amigos y a su familia. Desde el primer encuentro, sus integrantes la recibieron con cercanía y naturalidad

Para Pia, esa forma de relacionarse fue novedosa. En su experiencia previa, la confianza y el trato informal dentro de una familia podían construirse durante años o quedar reservados para vínculos muy consolidados. En la familia de su pareja, en cambio, aparecieron desde el comienzo

Actualmente tiene 23 años y cursa el último año de Medicina. Su futuro profesional todavía es una pregunta abierta: no sabe si permanecerá en la Argentina o buscará oportunidades en otro país

La experiencia migratoria, explica, la llevó a comparar las posibilidades laborales de distintos lugares. Pero la decisión no depende solamente del dinero. También pesan los vínculos, las costumbres, las rutinas y el sentido de pertenencia que construyó donde vive

La pregunta de quedarse o volver a partir

Siete años después de su llegada, Pia siente que la Argentina se convirtió en una parte fundamental de su identidad. La posibilidad de mudarse a Francia junto con su novio la enfrentó a una certeza inesperada: le resulta más difícil imaginar una salida de la Argentina que la partida de Perú

Aquí formó vínculos, desarrolló su carrera y construyó una vida propia. Esa posibilidad también reabrió preguntas sobre su identidad y sobre cuánto de su personalidad estuvo moldeado por la sociedad, la cultura y la religión en la que creció

Pia reconoce que hoy observa de otra manera cuestiones como la paternidad responsable, el acoso callejero y la posibilidad de hablar sobre sexualidad sin convertirla en un tabú. También aprendió a valorar los momentos cotidianos y los espacios de confianza con las personas cercanas

Su recorrido le enseñó a preguntarse qué desea realmente, más allá de las expectativas del lugar donde nació. También incorporó la idea de que la edad y los títulos académicos no deberían establecer jerarquías definitivas entre las personas