En una nueva columna sobre salud, el médico Jorge Tartaglione explicó que la longevidad no depende solo de la herencia genética, sino también de los hábitos y del estilo de vida

Según señaló, entre los 55 y 56 años muchas personas podrían proyectar entre 20 y 25 años más de vida libre de enfermedad, en función de decisiones personales vinculadas con la alimentación, el movimiento y la vida cotidiana

La genética no lo define todo

El especialista afirmó que la genética representa apenas una parte de lo que una persona vivirá y que el resto queda marcado por elecciones propias. En ese planteo, remarcó que el bienestar a largo plazo se construye con conductas sostenidas en el tiempo

Las zonas donde la gente vive más

Para ilustrar su idea, mencionó distintos lugares del mundo asociados con una mayor expectativa de vida. Habló de Loma Linda, en California, donde atribuyó la longevidad a la fe y la vida religiosa de sus habitantes

También mencionó Costa Rica, donde vinculó la vida prolongada con el consumo de frutas tropicales y un ritmo más tranquilo. En Icaria, Grecia, destacó la actividad física cotidiana de la población, marcada por caminar y transitar desniveles durante el día

Además, hizo referencia a Cerdeña, en Italia, por el consumo de alimentos naturales, y remarcó la importancia de una dieta basada en productos frescos y poco procesados

Propósito diario y vida activa

Al hablar de Okinawa, en Japón, subrayó la idea de levantarse cada día con un objetivo. Explicó que no hace falta que sea una meta grande: puede tratarse de una acción simple, como salir a caminar, compartir un mate o pasear al perro

También señaló que en ese lugar es común ver a personas mayores que siguen bailando, cantando o participando de actividades sociales, lo que para él refleja una vejez activa y con sentido

Las claves que destacó

Finalmente, resumió los pilares que, a su entender, ayudan a vivir más tiempo

Alimentación saludable

Actividad física y movimiento diario

Vida social activa

Un propósito de vida